P. Vincent Cosatti

Es un tema vasto y 45 minutos no son ni de lejos suficientes para ofrecer una visión completa del mismo. Así que tengo la intención de presentar sólo unos pocos aspectos importantes y fundamentales de la oración de sanación. Me referiré a ciertos autores que han sido muy activos e influyentes en este ámbito en los últimos años. El padre Emiliano Tardif, en particular, es quien, como sabéis, dijo sobre Vassula y la Verdadera Vida en Dios: «Creo que ella es una mística sincera y auténtica: sin duda es el Señor quien le habla. La Verdadera Vida en Dios está llena de tesoros«. Así que es aferrándome a este tesoro de los mensajes que intentaré mostrar que la combinación de oración y sanación es un tema fundamental de nuestra vida espiritual y, en consecuencia, está en el corazón del Himno del Amor de la Verdadera Vida en Dios, y uno de sus temas preferidos. En el mensaje del 1 de mayo de 1989, el Señor dice, de hecho:

«Yo he venido a vosotros para sanaros y consolaros; he venido a traeros la Paz y el Amor.»

Y un poco más adelante añade:

«¡Ah, amadísimos Míos!, Yo he venido a curar vuestras llagas, vuestras heridas y vuestras enfermedades, todo lo que os fue tan salvajemente infligido en estas tinieblas. No, bienamados, vuestras llagas no son incurables; vuestras heridas pueden sanar, porque Yo-Estoy-Con-Vosotros, y más cerca de vosotros que nunca.»

Definimos la herida como un ataque a nuestra integridad personal, nos impide disfrutar plenamente de la vida que Dios nos da y llevar a cabo la obra que nos encomienda. Según la antropología bíblica, la unidad o integridad de la persona consiste en una interacción armoniosa entre los tres niveles constituyentes de su ser: espíritu, alma y cuerpo. Cualquier ataque a esta integridad constituye una herida que experimentamos como un sufrimiento.

«Que el Dios de la paz os haga perfectos y santos; y que tu espíritu, tu vida y tu cuerpo se mantengan inocentes por la venida de nuestro Señor Jesucristo.» (1Th 5:23)

Aunque Pablo diferencia entre espíritu, alma y cuerpo, como si el espíritu fuera diferente del alma, la mayoría de los grandes místicos, como Santa Teresa de Lisieux o San Francisco de Sales, por ejemplo, no separan el espíritu del alma, sino que consideran al espíritu de alguna manera el punto más alto del alma. Dicho esto, es en estas tres ‘áreas’ donde podemos experimentar fallos y, por tanto, necesitar sanación. El espíritu es lo que nos distingue de los animales y nos convierte en seres espirituales, capaces de fe, esperanza y amor.

Preguntémonos primero de qué enfermedades debemos ser curados, y consideremos entonces cuáles son los instrumentos que tienen el poder de restaurar nuestra salud.

Las enfermedades físicas son innumerables, hay miles y miles de ellas, pequeñas y grandes, simples y complicadas, graves y triviales.

En cuanto a las enfermedades del alma, estas incluyen todas nuestras tendencias desordenadas, el mundo de las emociones, nuestros miedos y ansiedades, los diversos lazos que nos incapacitan y aprisionan, lazos de nuestro pasado reciente o lejano, lazos de malos hábitos, lazos voluntarios o involuntarios, nuestros fracasos amorosos, los traumas de la infancia, del nacimiento, de la adolescencia, Todos los diferentes tipos de dependencias, agresividad, egocentrismo, insensibilidad, hostilidad, escapismo, complejos, etc.

Y finalmente está la enfermedad del espíritu. Se pueden resumir en pecados contra la fe, la esperanza y el amor, o vivir como si Dios no existiera, la desesperación y el odio.

La Visitación de Dios

Durante más de un siglo, desde el inicio de la renovación carismática, el fenómeno de la sanación ha ido aumentando, comenzando con los protestantes y luego con los católicos. A los ciegos les fue restaurada la vista al instante, a los sordos les volvió el oído perfecto, los cojos dejaron atrás sus muletas y sus bastones, y los enfermos se levantaron de sus camas de hospital, completamente curados. En resumen, las señales que Jesús identificó para Juan el Bautista parecen repetirse a gran escala:

«Vuelve y dile a Juan lo que oyes y ves; los ciegos vuelven a ver, y los cojos caminan, los que sufren de virulentas enfermedades de la piel son purificados, y los sordos oyen, los muertos son resucitados y la buena nueva se proclama a los pobres;» (Mt 11:4-5) Estas señales eran muy abundantes al inicio del ministerio apostólico. En los Hechos de los Apóstoles nos dicen que, «cualquier signo y prodigio fue obrado entre el pueblo por manos de los apóstoles […] de modo que los enfermos incluso eran sacados a la calle y tumbados en camas y esterillas con la esperanza de que al menos la sombra de Pedro pudiera caer sobre algunos de ellos al pasar. La gente incluso llegó en masa desde las ciudades alrededor de Jerusalén, trayendo consigo a sus enfermos y a los atormentados por espíritus impuros, y todos fueron curados.» (Hechos 5:14-16)

En Occidente, los carismas de sanación están aún más presentes de lo que estaban en el siglo IV, porque en gran medida desaparecieron en el siglo siguiente. Pero a lo largo de los siglos han surgido santos milagrosos manifestando el don de la sanación. Personas como San Antonio de Padua y San Roque.

Es innegable que el Espíritu del Señor está visitando actualmente a Su pueblo de una manera muy especial, a menudo independientemente de la santidad personal de los individuos. Es sorprendente que la Iglesia no siempre se dé cuenta de ello:

¡Ciudad!, a quien vine a visitar para proclamar a través de ti Mi Amor a todos vosotros, y para sanar a tus habitantes enfermos. (13 de mayo de 1991)

¿Cómo es posible que tantos de vosotros no podáis percibir Mi Espíritu Santo? Las profundidades y la tierra tiemblan con Mi visitación…” (23 de diciembre de 1993)

¿Cuál ha sido y cuál sigue siendo nuestra respuesta a esta visita? ¿No está cometiendo la Iglesia el mismo error que aquellos que hace 2000 años no reconocieron la visita del Mesías? «¡Si tú también hubieras reconocido en este día el camino hacia la paz! ¡Pero en realidad está oculto a tus ojos! » (Lc 19:42) y sabemos qué calamidad fue consecuencia de tal ceguera.

Lo que dije una vez a Jerusalén, os lo digo ahora a vosotros con tristeza: “¡Si vosotros, por vuestro lado, hubierais comprendido siquiera el Esplendor de Mi Mensaje de Paz! Pero ¡ay!, está oculto a vuestros ojos”. Si vosotros, por vuestro lado, hubierais captado siquiera el Esplendor de Mi Espíritu Santo, otorgándoos bendición tras bendición a todos… Pero ¡ay!, no veis ni oís al Abogado, al Espíritu Santo, a quien el Padre envía en Mi Nombre, enseñándoos y recordándoos todas las verdades que Yo os he dado, porque el príncipe de este mundo está utilizando vuestra libertad para vuestra propia caída; (27 de junio de 1991)

Cuanto más profunda sea nuestra comprensión del ministerio de la sanación, más deberemos darnos cuenta de que los planes de Dios van mucho más allá de los milagros mismos. Su objetivo principal es llevarnos a un amor mayor, a una unión más íntima con Él. Porque, por muy importante que sea la sanación, nunca debemos olvidar que lo esencial es encontrarnos algún día cerca del Padre para cantar las alabanzas de Dios por toda la eternidad.

Para quienes aún dudan, el Señor afirma y promete su deseo de sanarnos:

Quiero sanar a vuestra pobre alma, quiero dar descanso a vuestra alma fatigada. (10 de octubre de 1989)

Yo quiero sanar vuestra deslealtad, quiero sanar vuestra apostasía y daros a todos un corazón puro, (15 de julio de 1996)

Y el ministerio de sanación de Jesús sigue activo en nuestro tiempo:

Mi Sangre fue derramada por vuestra salvación; estuve en la tierra, encarnado; viví entre los pecadores, curando a los enfermos y resucitando a los muertos; no os he abandonado, porque estoy aún entre vosotros, sanándoos; venid a Mí para ser sanados; elevaré vuestras almas hacia Mí, (2 de febrero de 1987)

¿Cómo nos curará Dios? La respuesta es muy sencilla: a través de nuestra oración. «Ruega al Señor y Él te sanará» (22 de julio de 1990) Así que veamos las condiciones de esta oración.

1) El don de la fe

La fe es puramente un don de Dios. Nadie puede recibir este don inestimable, esta convicción inquebrantable, sin la gracia de Dios. Lo mismo ocurre con el Amor y la Esperanza. La fe es la condición sine qua non de la sanación. ¿Por qué? Porque es esencial para la humildad y el amor: reconoce y proclama la supremacía y omnipotencia de Dios. Es esta apertura al don dado libremente por Dios lo que manifiesta nuestro amor por Dios.

En los milagros que encontramos en los evangelios[1] la fe está presente en personas muy diferentes. Uno de los ejemplos más bellos es la mujer con el flujo de sangre durante doce años, que toca el borde de la túnica de Jesús y es sanada inmediatamente. Jesús sintió que de Él emanaba un poder de sanación. Y le dijo a la mujer: «Hija mía», le dijo: «tu fe te ha restaurado la salud» (Mc 5:34). La fe puede ser la del ministro, como nos muestra el ejemplo del hombre con la mano marchita. No hay nada que nos diga que este hombre tenía fe. El milagro de sanación o liberación a veces se obtiene no por la fe de la persona en cuestión, sino indirectamente, por el intermediario de otros, como vemos en la sanación de los paralíticos: «Al ver su fe, Jesús dijo al paralítico: ‘Hijo mío, tus pecados son perdonados… Os ordeno: levántate, recoge tu camilla y vete a casa.’ « (Mc 2:5.11)

si creéis y Me ofrecéis vuestra voluntad, entregándoos a Mí, entraré en vuestro corazón y os sanaré; (18 de agosto de 1988)

En su comienzo, el Catecismo de la Iglesia Católica afirma que «Comenzamos nuestra profesión de fe diciendo: ‘Creo’ o ‘Creemos’.«[2] Pero también hay otros términos para expresar la dinámica de la fe. De hecho, el Catecismo continúa diciendo: «El deseo por Dios está escrito en el corazón humano, porque el hombre fue creado por Dios y para Dios; y Dios nunca deja de atraer al hombre hacia sí [3] la respuesta a esta atracción, que es la comunión y el diálogo íntimo con Dios, es una forma de expresar nuestra fe. Por eso San Juan el Divino suele usar la expresión «venir a Jesús» para expresar fe. » «Nadie que venga a mí tendrá jamás hambre; Nadie que crea en mí tendrá jamás sed.” (Jn 6:35) De manera similar en La Verdadera Vida en Dios:

acércate a Mí; Yo te embelleceré y te purificaré; sanaré todas tus heridas y te restableceré, hijita Mía; (7 de abril de 1988)

ven a mí cuando la fiebre de este mundo se eleve contra ti y te queme; ven rápidamente a Mí, tu Abba, y Yo sanaré tus ampollas; (19 de septiembre de 1991)

Y así se deduce que vivir en fe significa vivir en intimidad, ir a Dios con confianza, como un niño, un hermano o un amigo, con un corazón abierto y libre:

hija Mía, todas las almas pueden ser liberadas, pero sólo cuando ellas mismas se abran y lo quieran; he dado a cada alma esa libertad, y su voluntad sólo le pertenece a ella; ahora, si un alma está firmemente decidida a no abrirse a Mí, ¿cómo entraré en su corazón? Yo soy el Señor y Dios, pero os he dado a todos vuestra libertad y vuestra voluntad; si creéis y Me ofrecéis vuestra voluntad, entregándoos a Mí, entraré en vuestro corazón y os sanaré; no entraré a la fuerza; estoy ante su puerta, esperando que la abran y Me inviten a entrar; (18 de agosto de 1988)

La fe implica confianza. Creer es confiar en Dios, la única fuente de la Gracia. Emiliano Tardif solía decir: «uno de los peligros del ministerio de la sanación es confiar en la persona que aparentemente tiene un poder particular para sanar. Esto es un error grave, de hecho, porque sólo Jesús es salud para los enfermos. Es Jesús quien tiene todo el poder; la gente es sólo un canal de Su gracia.» Y nos da esta imagen que sería bueno tener presente cada vez que alguien reza por sanación: «Cuando alguien pone las manos sobre una persona enferma, son como un par de guantes con las manos de Jesús dentro. Es Jesús quien actúa a través de ellos.»

Esto es lo que nos enseña un incidente en los Hechos de los Apóstoles (Hechos 3:1 y siguientes). Peter y John acababan de curar a un lisiado y la multitud «estaba asombrada y perpleja por lo que le había pasado. Pedro se dirigió al pueblo diciendo: » Hombres de Israel, ¿por qué os sorprende tanto esto? ¿Por qué nos miráis como si hubiéramos hecho que este hombre caminara por nuestro propio poder o santidad?

Mantengamos entonces la mirada fija sólo en Jesucristo. «Yo, Yahvé, soy tu Sanador» (4 de marzo de 1994) «Separado de mí, no puedes hacer nada.» (Jn 15:5)

Sí, sabes, Vassula, parece que ahora Me comprendes mejor; si te doy a ti, que realmente eres la más miserable de Mis criaturas, ¡qué no daré, entonces, a los que verdaderamente merecen Mis gracias, a los que Me honran y se sacrifican por Mí! pedid, amados Míos, y Yo os daré; creed en
lo que pedís; tened confianza y creed en Mí; no seáis como Pedro, que perdió su confianza cuando andaba sobre el agua ¡tened fe en Mí! ¡sed confiados! ¡creed!
(21 de noviembre de 1987)

Si 3.000 almas se convirtieron a la fe tras escuchar un solo sermón de Pedro, ¿no crees que Dios puede hacer la misma obra en nuestros días? Si no creemos que todo sea posible para Dios, entonces, por supuesto, no puede suceder.

Casi cien mensajes contienen las palabras «Confía en mí», para hacernos saber lo fundamental que es esto si queremos trabajar en interés del Plan de Dios.

He dicho que no te preocupes por el mañana; no te preocupes, confía en Mí; quisiera que entendieras que, dejándome espacio para respirar en ti, me sentiré libre de llevar a cabo Mi Obra. (27 de diciembre de 1988)

2) La Humildad

El párrafo anterior puede extenderse, si recordamos que, para que la confianza exista, el corazón debe ser necesariamente humilde, es decir, modesto, muerto a sí mismo. Este también es un tema favorito de La Verdadera Vida en Dios. El «Gran Milagro» (10 de enero de 1990) de la Unidad sólo puede lograrse utilizando las claves del amor y la humildad:

desde que tú Me permites que te eclipse, Mi portento tiene lugar (15 de junio de 1994)

La oración del hombre humilde atraviesa las nubes, dicen las Escrituras [Sir 35:17] (24 de abril de 2000)

La humildad no es lo mismo que la timidez. Algunos no se atreven a rezar por la sanación de los enfermos, porque piensan que no tienen mucho que ofrecerles. Y es cierto que no tendrán nada que ofrecer a los enfermos si creen que es por su propio poder que la enfermedad puede curarse. Repitámoslo a menudo: «¡Separada de mí no puedes hacer nada!» «Conozco tu inefable debilidad y que, sin Mí, no puedes levantar ni tu dedo meñique» (30 de octubre de 1990)

Por otro lado, es una falsa humildad no rezar por la propia sanación. Algunas personas dicen, en la práctica, que como Dios es su Padre, Él conoce todas sus necesidades. Por supuesto, Dios sabe todo lo que necesitamos, pero Jesús nos enseñó a decirle: ‘Danos hoy nuestro pan de cada día‘. Si la enfermedad fuera la voluntad de Dios, ni siquiera deberíamos tener el ‘derecho’ de tomar una pastilla para el dolor de cabeza. La enfermedad no viene de Dios. Quiere que tengamos la humildad de los niños pequeños. San Juan María Vianney, el cura de Ars, dijo: «Debemos ser como un niño de dos años en manos del Espíritu Santo«. Porque a esa edad, no hacemos preguntas, no siempre preguntamos por qué.

Dios es amable y humilde. Él no nos obliga, no nos obliga a ser Sus instrumentos de sanación. Lo vemos en los ‘permisos’ que el Señor y Su Santa Madre nos piden:

Deja que Me sirva de ti, bienamada, para sanar a las almas. (15 de febrero de 1987)

Déjame libre de actuar en ti y de manifestar Mi Palabra a través de ti, sanando de este modo a Mis hijos. (17 de marzo de 1987)

Y por último, observemos que la falta de humildad consistiría en pensar que «Si sólo el Señor puede sanar directamente, debemos desechar todas las medicinas y dejar todos los tratamientos». Estas personas dicen que quieren sanar «por fe». Pero eso es un error e imprudencia que demuestra falta de sabiduría. Más bien, aceptemos que Dios sana como Él quiere. En Eclesiástico, leemos: «La sanación misma viene del Altísimo, como un don recibido de un rey.» (Sir 38:2) Y también: «Hijo mío, cuando estés enfermo, no te rebeles, sino ruega al Señor y él te sanará. Renuncia a tus errores, mantén las manos limpias y limpia tu corazón de todo pecado. ” (Sir 38:9-10) Finalmente: «Entonces deja que el doctor tome el control — el Señor también lo creó — no dejes que te abandone, porque lo necesitas. Hay ocasiones en las que la buena salud depende de los médicos. » (Sir 38:12-13). A veces basta con aceptar someterse a una operación. Y luego sólo debemos pedirle al Señor que guíe la mano del cirujano. [4]

3) El Perdón

El arrepentimiento está estrechamente ligado a la sanación:

Tengo el poder de curarte, así que ¡ven y arrepiéntete! (5 de agosto de 1990)

En efecto, nuestros pecados pueden bloquear la acción de Dios. Esto es lo que, entre otras cosas, nos muestra la sanación del paralítico. Jesús le dice, de hecho: «Hijo mío, tus pecados están perdonados.» (Mk 2:5) Jesús comienza perdonando sus pecados. Luego le cura de su enfermedad física. Primero elimina el pecado y luego cura el cuerpo. El pecado suele ser la causa de enfermedades. Pero nunca, jamás, digas a alguien que está enfermo por sus pecados. ¡Eso no está bien! Alguien enfermo ya tiene suficiente que soportar la enfermedad sin acusarle también de pecado.

– si escuchas con atención y no me pones objeciones, ni rivales ni dudas, si vienes y admites que eres un pecador y no dudas en el arrepentimiento, te curaré…

Por lo tanto, estar reconciliado con Dios es una condición esencial y previa. Pero también lo es reconciliarse con nuestro hermano o hermana. Ahora, como bien sabéis, ¡ser capaz de perdonar no es algo fácil! Un amigo me contó un día que era incapaz de pronunciar el versículo del Padre Nuestro que dice: «como perdonamos a los que nos ofenden«. No pudo decirlo porque seguía profundamente dolido por varias disputas del pasado. Le parecía que al pronunciar esas palabras estaba mintiendo a Dios.

Pero en realidad, ¿qué es el perdón? Como la palabra indica, es ante todo un REGALO. A través del REGALO de la Misericordia que recibo, me vuelvo capaz a su vez de transmitirla a otro. Un día una señora me contó que sólo había podido acceder al 70% del perdón y quedaba un 30% que aún no podía dar. Dado que sólo puedo transmitir lo que ya he recibido, primero debo pedirlo humildemente a Dios. Todo lo que Dios me pide es que decida perdonar. Más allá de todos los sentimientos y resentimientos, amargura y tristeza, decido perdonar a todos los que me han hecho daño. Con serenidad, pido al Señor que me muestre claramente a las personas que esperan mi perdón, aunque ya hayan muerto. Hay una verdadera liberación que ocurre cuando logramos dar nuestro perdón. El perdón abre el Reino de los Cielos, tanto para quien perdona como para quien recibe el perdón.

Cada uno de nosotros está invitado a orar por los enfermos. El don de la sanación se ofrece a todos los bautizados. No esperemos a haber recibido el carisma de la sanación antes de empezar a orar por los enfermos.

Mi amor sana; confía en Mí y en nadie más; ora más y pídeme más; ¿por qué huyes de Mí? ven a Mí, niña, y lo conseguirás. . (20 de febrero de 1996)

Reflexiones sobre cómo rezar

La oración tiene muchos aspectos, y estos son algunos aspectos importantes.

1) Perseverancia en la oración

la Paz esté con todos vosotros; glorificadme; apoyaos en Mí, esforzaos y no os canséis de llevar Mi Cruz, sanando a Mis hijos (2 de mayo de 1987)

Vassula Mía, la perseverancia debilita al demonio y disminuye el mal. (2 de junio de 1988)

Seguro que recordarás cómo la parábola de la viuda insistente muestra que debemos «rezar continuamente y no perder el ánimo.» (Lc 18:1) Nosotros también debemos ser persistentes… «molestar» al Señor, «embestirle» a Él. Esta era la actitud de Vassula cuando intercedía para un conocido:

venid a Mí con todos vuestros problemas, ofrecédmelos a Mí y descansad; venid a apoyaros en Mí; Yo soy vuestro Consuelo y os consolaré dándoos Mi Paz; venid a vuestro Bondadoso Salvador y Yo sanaré vuestras heridas; no os canséis nunca de invocarme y de rezarme. (28 de diciembre de 1988)

2) Imponiendo las manos

Este gesto suele acompañar los relatos de sanación en las Escrituras. Basta con recordarnos, por ejemplo, cuando el jefe de la sinagoga, Jairo, rezaba a Jesús con insistencia: » Mi pequeña hija está desesperadamente enferma. Ven y pon tus manos sobre ella para que se salve y viva. » (Mc 5:23)

Impón tus manos sobre esas personas y bendícelas: “En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Me honrarás y Me glorificarás. (18 de abril de 1992)

¡Levántate! Levántate y impón tus manos sobre los enfermos y los sanaré. (3 de junio de 1993)

al darte Mis Instrucciones, te enseñaré a imponer las manos sobre tus hermanos y hermanas para que su espíritu caiga en Mi abrazo. Los muertos van a ser resucitados. Yo los levantaré, aunque no a todos. (9 de noviembre de 1994)

3) A través del amor y el sacrificio

Incluso nuestras acciones diarias y especialmente las más dolorosas, unidas a los sufrimientos de Cristo, pueden convertirse en fuente de gracia:

Vassula, he revivido el espíritu de muchos mientras tu espíritu buscaba al Mío [Su casi silencio hacia mí y Su Presencia, que a menudo se me escapa durante varios días. Ese casi silencio y el ocultarse eran insoportables para mi alma. ] He sanado y realizado milagros gracias a tu dura prueba. Me he complacido en ofrecer tus expiaciones al Padre de este modo, y con tu reparación he ganado a los ateos. (30 de septiembre de 1993)

Aunque no nos demos cuenta, el amor puede hacer verdaderos milagros:

hoy he tomado la esencia de tu amor por Mí para utilizarla sanando a un alma, Vassula. (5 de abril de 1987)

bienamada, aumenta tu amor hacia Mí y así sanarás almas. (24 de julio de 1987)

Otra forma de participar en la sanación de las almas del purgatorio. A menudo ofrecemos misas por su intención, lo cual está muy bien, pero el Señor revela que nuestro amor también les ayuda:

al exponerte en el Hades, muchas almas se están sanando; Te he enseñado a amarme; ámame: tu amor por Mí las está sanando; utilizo tu amor como un remedio para sanarlas; sánalas, Vassula, sánalas. (10 de febrero de 1987)

utilizaré tu amor por Mí para sanar muchas almas que se dirigen a ser devoradas por las llamas de Satanás; tú y Yo vamos a ayudar a esas almas; todo lo que tienes que hacer es amarme fervientemente; habrá momentos en que Yo vendré a ti para confiarte Mi Cruz (16 de febrero de 1987)

4) A través de los Sacramentos

Sin profundizar realmente en este tema, sigue siendo importante enfatizar que todos los sacramentos tienen efectos sanadores, en el cuerpo, el alma y el espíritu. Especialmente los Sacramentos de la Reconciliación (véase el párrafo anterior que menciona el tema del perdón), el sacramento de los enfermos y la Eucaristía:

acércate a Mí y escucha lo que quiero decir a la Iglesia de Rodas: mirad las Palmas de Mis Manos, Mi Costado y Mis Pies, tocad Mis Llagas… aquellos que no beban de Mis Llagas se debilitarán, languidecerán y se secarán; Yo soy vuestra Salvación, por lo tanto ¿por qué teme esta nación beberme y comerme? gritan pidiendo auxilio, pero luego no viene nadie a comerme, beberme y ser sanado; ¿No os he dicho que seréis sanados por Mis Llagas? (30 de julio de 1990)

5) A través de los mensajes

A través de la lectura de los mensajes de La Verdadera Vida en Dios, el Señor nos sana. Esta curación se compara con un florecimiento.

Vassula, Mi Palabra [Dios quiere decir Su Mensaje] crecerá alta como los cedros, sus ramas se extenderán como brazos abiertos, llegando a muchas naciones, alimentando a los pobres, sanando vuestras heridas y a vuestros enfermos, limpiando vuestras manchas y sanando vuestra miseria, calmándoos, levantándoos hasta Mi pecho, amándoos y enseñándoos de nuevo a amaros y a amarme; Mis brazos os librarán del mal, porque sois todos Míos, bienamados. (10 de enero de 1987)

Conclusión

Los pasajes de La verdadera vida en Dios que hablan de la relación entre sanación y oración son mucho más numerosos de los que se han citado aquí. Cada vez hay una ligera diferencia. Los he puesto en un apéndice para que podáis meditar más sobre ellos.

Una cosa es segura: la oración hecha con fe siempre da fruto. Para algunos es inmediato y extraordinario; para otros ocurre después de un cierto período de tiempo. La sanación no es la única prueba del amor de Dios. «Puede elegir a uno para ser testigo de su poder, y a otro para ser testigo de su paciencia, su amor o su espíritu de sacrificio. . Busquemos primero el Reino del Cielo. Seamos testigos del amor de Dios en nuestras propias circunstancias vitales, ya sea por el testimonio de nuestra alegría en medio del sufrimiento o por el testimonio de nuestra sanación física. […] aceptemos todas las curaciones físicas que el Señor quiera dar. Aceptémoslos participación en la salvación de su pueblo. Y demos gracias al Señor por todas las bendiciones que nos derrama sin cesar.» (Emiliano Tardif)

¿Por qué el Señor no cura a todos? Esta pregunta aparece muy a menudo cuando surge este tema. Podríamos responder, mysterium fidei. Nuestros caminos no son necesariamente Sus Caminos: «no perturbes tu alma tratando de comprender Mis Caminos, porque al hacerlo sólo conseguirás dejarte llevar por caminos enrevesados que nunca acaban; entérate de que Mis Caminos no son tus caminos ¡y la diferencia, te lo digo Yo, es inmensa! acepta en Paz lo que te doy;» (21 de junio de 1989) A veces la enfermedad puede forjar nuestro carácter. A veces estamos llamados a una misión particular de reparación. La forma en que discernimos en este tipo de situaciones es preguntarnos si los frutos del espíritu son evidentes. . En otras palabras, cuando el Señor está presente en una situación particular y responde a nuestra oración, aunque no ocurra sanación física, deberíamos ser capaces de discernir la obra de Dios. Por ejemplo, podemos experimentar una paz que supera todo entendimiento, que el mundo no puede dar, podemos ver amor, alegría, paciencia, tolerancia, bondad, generosidad, fe, humildad y castidad, que son los frutos del Espíritu, los frutos de la obra de Dios que leemos en el capítulo 5 de la carta a los Gálatas. Cuando vemos que estas cosas suceden, debemos dar un paso atrás y preguntarnos: «¿Ha sido llamada esta persona por el Señor a vivir con su enfermedad y a servirle a través de ella?»[5]

«Estas son las señales que se asociarán con los creyentes: en mi nombre expulsarán a los demonios; tendrán el don de la lengua; recogerán serpientes en las manos y no sufrirán daño si beben veneno mortal; pondrán las manos sobre los enfermos, que se recuperarán.» (Mc 16:17-18)

Seamos simples, seamos humildes y confiemos sólo en el poder del Nombre de Jesús:

¡Ah, hija… alma de Mi predilección! ¿Te negaría Yo alguna vez cualquier cosa, si la pides en Mi Nombre? ¡Jamás! (5 de abril de 1993)

Efectivamente, Jesús nos ha prometido: «Lo que pidáis en mi nombre, lo haré Yo, para que el Padre sea glorificado en Su Hijo.» (Jn 14:13) La oración es muy poderosa, la unidad fraternal es muy poderosa, el Nombre de Jesús y Su presencia entre nosotros es infinitamente poderosa. Nos asegura que donde dos o tres discípulos de Cristo se reúnan en Su Nombre, Él estará entre ellos. (Mt 18:20) y orará con nosotros, y el Padre no negará nada a quienes oren con Él. Muchos no reciben respuesta porque rezan solos, o por razones ilegítimas, o por orgullo o con pecado en el corazón. Seamos puros en las intenciones de nuestro corazón para que Él esté con nosotros y así pueda responder a nuestra oración.

Dios quiere nuestra sanación, la armonía de todo nuestro ser y, sobre todo, quiere que todo lo que nos ocurra nos haga crecer hacia un amor mayor. Y el amor se convertirá entonces en una fuente de sanación para los demás, porque a menudo basta con mirar a un alma con una mirada de amor verdadero para conquistarla. A menudo las almas no son malas como pensamos. Simplemente están asqueados, enfermos o avergonzados. Tienen repugnancia por lo que el mundo les ofrece. Enfermos porque Satanás los ha aplastado. Avergonzados de estar enfermos. Quieren ser curados, pero les avergüenza confesar sus enfermedades. Démosles lo que no han experimentado: amor santo. Salgamos a recibirlos. Persuadámoslos para que se abran sin vergüenza. Son flores cerradas. Pero si el Amor los calienta, se abrirán.

que Mi pueblo ore por los que no invocan Mi Nombre, y Yo los sanaré. Lo imposible se hará posible. El desierto se transformará en un jardín y los escombros en un altar para Mí, vuestro Dios. Di a Mis hijos que oren. Que oren con el corazón y Yo los escucharé. (6 de noviembre de 1991)

APÉNDICE: MÁS PASAJES DE LA VVD PARA MEDITAR

hoy llamo a los enfermos, diciéndoles: hijo Mío, no estés deprimido; Yo, tu Santa Madre, te amo; pero ruega al Señor y Él te curará; limpiad vuestro corazón de todas las impurezas mediante el arrepentimiento; después, abrid vuestros corazones a Dios y Él os inundará de Su Amor; orad incesantemente. No dormitéis; orad de corazón y sed como rosas en los días de primavera, como un ramo ofrecido al Altísimo; que vuestras plegarias sean como mixtura de incienso que llegue hasta Su Trono; dejadme que os recuerde lo que anhela el Altísimo: vuestro corazón; ofrecedle vuestro corazón y permitidle ser vuestro Guía en el camino que Yo os estoy preparando. (22 de julio de 1990)

Curación de Vassula al nacer

Paraskeví es mi segundo nombre. Paraskeví en griego significa viernes. Este nombre, que es común en Grecia, fue añadido por mi madre en honor a San Paraskeví, que es el santo de los ojos curadores. Cuando nací, mis párpados estaban pegados. Mi madre no estaba segura de si tenía ojos. Rezó a San Paraskeví haciendo un voto de llamarme con su nombre. Tras tres días abrí los ojos. (Nota 7 del 8 de agosto de 1994)

(Fui atacada de nuevo por el maligno, “mientras escribía”. Era como una manada de gatos saltando sobre mi espalda. Estaba harta de ellos. Parecía que todo el infierno se hubiese lanzado contra mí. Me molestaban tanto, que dije a uno de ellos: “¡En nombre de Jesucristo, márchate y que te arrojen al fuego!” Se fue. Había varios y los expulsé uno a uno, con las mismas palabras. Jesús me dijo:
Pide en Mi Nombre y se hará, pero debes tener fe en lo que pides. Trabaja así, ora y pide. Ruega en Mi Nombre, trabaja en Mi Nombre, pide en Mi Nombre. Revive Mi Nombre, sé Mi reflejo, sincronízate conmigo, levanta tu cabeza hacia Mí, cree en lo que pides”.

Me dijo que los demonios me temen, que soy una amenaza para ellos. Más tarde me di cuenta de dónde estaba. Sentí mis pies en un barro húmedo y viscoso y, de repente, reconocí el entorno del infierno. Fue como un relámpago. Comprendí entonces por qué había hoy tanta maligna interferencia mientras escribía. Cuando le pregunté sobre esto, Jesús me dijo: “¿Qué lugar iba a ser si no?” Íbamos juntos, pasando al lado de las puertas del infierno, sanando almas, arrancándolas de las puertas de Satanás. “Vassula, permíteme utilizarte también así. Esto es también parte de tu trabajo” (3 de junio de 1987)

¡cómo deseo que alcancéis el cenit del Amor y oíros lanzar el grito de Amor: “¡Abba!”! Entonces… sólo entonces, empezarán a curarse Mis Llagas… (9 de febrero de 1989)

permitid que se abran vuestros corazones, permitid que el Señor entre en vuestros corazones, ¿de qué otro modo podría Él sanaros? (3 de marzo de 1989)

piensa en lo que Yo tuve que sufrir para realizar Mi Obra y sanaros a todos a través de Mis Llagas. (23 de diciembre de 1989)

os estoy curando de todas vuestras enfermedades y limpiando con Mi Sangre todos los rastros de veneno, para redimiros a todos del Abismo. (17 de octubre de 1990)

hoy vuelvo a preguntar a los enfermos lo mismo que pregunté al enfermo de la piscina de Betzatá:: ¿quieres recobrar la salud? te puedo sanar instantáneamente ¡y todo el Cielo se alegrará y lo celebrará! mi don es gratuito, por tanto, ven a Mí tal como estás, Yo te sanaré, alma, para que puedas compartir Mi Reino y vivir en Mí, tu Dios. (11 de noviembre de 1990)

hija, cuando te esfuerzas trabajando para Mí, Yo utilizo tus esfuerzos y tu fatiga para sanar a otras almas. (27 de noviembre de 1990)

«y su fruto será bueno para comer y las hojas medicinales» (Ec 47:12); seréis como un árbol, renovados por Mi Espíritu Santo que nunca os falla, y vuestras hojas serán medicinales; sí, vuestro testimonio sanará a los enfermos, convirtiendo nación tras nación, pero no por vosotros mismos: no seréis vosotros los que hablaréis, sino Mi Espíritu Santo que vive en vosotros. (24 de enero de 1991)

espera, Vassula Mía, espera…Tu Rey no abandonará a nadie; vendrá con ungüento sanador en Su Mano para sanaros uno a uno; (12 de junio de 1991)

orad más que nunca y Yo proveeré a los miserables, sanaré a los ciegos y enseñaré Mi Ley a cada uno de vosotros, desde los extranjeros a los vuestros; el Amor os ama. (29 de octubre de 1991)

Mi Espíritu es como un Río, y dondequiera que fluya este Río, todos los que pululen en él (Ec 47:9), enfermos, lisiados, ciegos, todos serán sanados y se convertirán en testigos del Altísimo. (11 de febrero de 1992)

no temas y no te imagines jamás que te voy a conducir hasta Mí sin Mi Cruz; preocúpate de lo que Yo Me preocupo; pídeme que sane al resto de vosotros; pide Mis gracias; pide Mis bendiciones… pide al Padre que se aplaque (4 de marzo de 1992)

Yo sanaré toda la deslealtad de vuestra nación y vuestro Rey os dará descanso. (3 de julio de 1992)

¡Todas sus acusaciones se escurrirán como agua que va a parar a la cloaca! ¡Levántate! Levántate e impón tus manos sobre los enfermos y Yo los sanaré. ¡Habla! Y la articulación de Mis Palabras en tu boca hará que sus espíritus caigan en Mi Abrazo. [Muerto en el espíritu] (3 de junio de 1993)

Vassula, he sido enviada por Dios para sanar a muchos de vosotros, pero Mis llamadas no han sido honradas, ni valoradas. (6 de diciembre de 1993)

vuestra apostasía ha embrutecido vuestros corazones, y la profecía de Isaías sigue vigente hasta hoy y se está cumpliendo: “Escucharéis una vez y otra, pero no entenderéis, veréis una y otra vez, pero no comprenderéis; porque el corazón de esta nación se ha embrutecido sus oídos están embotados y han cerrado sus ojos por miedo de ver con sus ojos, oír con sus oídos, entender con su corazón y ser convertidos y sanados por Mí” [Isa 6:9-10; Mat 13:14]«. (31 de mayo de 1994)

Jesús te dice, generación, que aún no te has curado de tu enfermedad; desde luego no te has recuperado de tu apostasía, (3 de junio de 1994)

Te he resucitado para que seas Mi testigo y, por medio de tu boca, sanar los corazones rotos, resucitar a los muertos y ser una amenaza para Mi enemigo. (22 de junio de 1994)

Continuaré alimentando a esta generación con la herencia de Mi Padre en el Cielo. El Pan que os sana viene de arriba. (10 de agosto de 1994)

queda tanto por sanar… (18 de agosto de 1994)

Mi intención es reavivar esa llama mortecina y hacerles cambiar de idea para que, una vez sanados, Me reconozcan como el Sumo Sacerdote Supremo, el Cristo, y el Rey de reyes. (21 de marzo de 1995)

“Pethi mou” [en griego: «Hija mía»], los designios del Todopoderoso son tan profundos, en Su Mensaje, que muchos serán sanados. (12 de mayo de 1995)

El Amor borrará tus manchas e imperfecciones. El Amor sana, repara. El Amor trae buenos frutos, frutos que perduran… (16 de junio de 1995)

Mostraré Mi gran Amor hacia la Desgracia, y curaré sus heridas [heridas en nuestra alma del pecado] (4 de abril de 1997)

la sanación en sí viene de la Sabiduría… (5 de agosto de 2000)

Sanaré tu culpa como lo deseas y fluiré en ti como un río, refrescando tu aridez y tu esterilidad. (febrero-abril 2003)

La plaga de esta generación se llama Racionalismo y el Racionalismo es Mortal; el Racionalismo proviene del Príncipe de las Tinieblas, y todos los que viven en las Tinieblas tienen esa enfermedad, entre otras enfermedades; (29 de septiembre de 1989)

nadie debe decir que sólo busco a los santos; se Me conoce por ir a buscar a los enfermos y a los miserables; su miseria Me atrae, su incapacidad para llegar a Mí Me infunde aún más deseos de acercármelos para estrecharlos contra Mi Corazón; Yo soy Jesús y Jesús significa Salvador, y vengo a salvar y no a condenar. (7 de diciembre de 1989)

¿no has entendido aún que mi corazón está enfermo de amor? (3 de abril de 1990)

Mi Compasión por los miserables y los enfermos es Grande y está más allá de toda comprensión humana; pedid y se os dará; abro Mi Boca suspirando impacientemente por vuestras oraciones. (30 de abril de 1990)

¡Id ahora a los pobres! ¡Id a los ciegos! Encontraréis a algunos muertos, pero no os preocupéis, Yo los resucitaré. Os he levantado a todos y levantaré a muchos más. Por tanto, ¡salid al encuentro de los pobres y los enfermos y aseguraos de llenar Mi Casa! ¡Que aquellos que fueron invitados en primer lugar a Mi Banquete, pero rehusaron venir, se asombren al ver a los ciegos con vista, y a los pobres, ricos de Mi Conocimiento! ¡Y a los muertos, resucitados a la vida! (17 de agosto de 1990)

Si confiáis en Mi Amor, Yo os llevaré a la Habitación de Aquella que Me concibió, para que os cuide hasta devolveros la salud. (6 de julio de 1991)

Yo soy. No temas. Todo saldrá pronto a la luz y todos los que te rechazaron, negándose a creer en Mi Mensaje, pedirán perdón al Padre. Vassula, si hubieran estado “ciegos”, Yo les habría sanado, pero pretenden que pueden “ver”. (5 de septiembre de 1988)

“Padre Todo Misericordioso,
haz que aquellos que por más que oyen
no llegan nunca a comprender,
escuchen esta vez Tu Voz
y comprendan que eres Tú,
el Santo de los Santos;
abre los ojos de aquellos que por más que miran
no llegan nunca a percibir,
para que vean esta vez con sus propios ojos
Tu Santo Rostro y Tu Gloria;
pon Tu Dedo en su corazón
para que ese corazón se abra
y comprenda Tu Fidelidad;
te imploro y Te pido todo esto, Padre Justo,
para que todas las naciones se conviertan
y sean sanadas por las Llagas
de Tu Amadísimo Hijo Jesucristo.
Amén.”

(15 de mayo de 1990 + 8 de julio de 1990)

“Jesús, mi único amor,
te ruego por aquellos que Tú amas,
pero no saben amarte;
para que puedan ser purificados y sanados,
y así queden también exentos de todo mal.
Amén.”

(8 de agosto de 1993)

Orad, orad, orad, pero hacedlo con amor. Abrid vuestros corazones y Yo los sanaré. Devolved el mal con amor, buscad el bien y la Bondad os contestará desde lo alto, y os hará a Nuestra semejanza. (30 de mayo de 1995)

Te curaré espiritualmente. (Dn, 8 de junio de 1986)

Jesús te sanó de tu culpa; te sanó de llevar una vida falsa; deseaba tanto que Jesús te sanara; ¡gloria a Dios! (29 de julio de 1986)

¿lo ves?, tus miembros están sanados, puedes caminar de nuevo; ¿lo ves?, has recuperado tu vista; te he sanado; he sanado tu vergüenza y he lavado tus pecados; utiliza tus piernas para caminar hacia Mí, tus ojos para verme, tu fe para encontrarme; (20 de septiembre de 1986)

Yo te levanté hacia Mí, tus manitas se aferraron a Mí; Me sentí aliviado al ver que Mi hija me necesitaba; te llevé de vuelta a casa y te sané con todo Mi amor; te di agua para saciar tu sed; te alimenté y te fui cuidando poco a poco hasta que te recuperaste; soy tu Sanador; soy tu Redentor; siempre lo seré; nunca te dejaré; Yo te amo. (12 de octubre de 1986)

Yo soy tu esperanza de curación, así que levántate y usa tus piernas para caminar Conmigo, tus ojos para ver el Camino, tus oídos para oír Mi llamado, tu corazón para entender que soy el Padre; Yo sano; sanaré tus ojos que has expulsado. (26 de octubre de 1986)

tu amor por Mí sana y salva a muchas almas extraviadas, encaminadas a la perdición. (18 de febrero de 1987)

Mi Palabra será como un cedro que extiende sus ramas como brazos para sanar vuestra maldad, nutrir vuestra miseria y liberaros del mal. (19 de febrero de 1987)

el amarme fervientemente, repara, y así esas almas en el Purgatorio son sanadas, arrebatadas de los fuegos purificadores, y pueden finalmente venir a Mí; Vassula, ¿sabes cuánto sufren mientras están en el Purgatorio, deseando verme y sin poder hacerlo? ¡cuánto dependen de ti! ah, Vassula, ¿querrás ayudarlas? (22 de julio de 1987)

bienamada, aumenta tu amor hacia Mí y así sanarás almas; ámame y libéralas; ahora Me has devuelto cinco almas; satisfáceme dándome almas; quiero redimir a todas esas almas miserables que se encuentran a las puertas de Satanás; ¡os amo tanto a todos! (24 de julio de 1987)

¡Era de Miseria, Yo te reanimaré! ¡Derramaré en vuestros corazones muertos Mi Savia, que os sanará! (10 de marzo de 1988)

Mi Espíritu Santo es como una savia que fluye en tu interior, manteniéndote con vida (11 de junio de 1993)

piensa, Vassula; te he sanado para que el mundo pueda ver que Yo estoy aún entre vosotros; Vassula, te he sanado para servirme de ti, lanzándote fuera de Mis brazos, sí, fuera de Mis brazos, al mundo, como Mi Red. Hija Mía, permíteme servirme de ti de este modo. Yo recojo Mi Red de vez en cuando y Me encanta encontrar Mi Red con alguna captura. (12 de abril de 1988)

Sana Mi Cuerpo, alívialo; Mis Cinco Llagas están totalmente abiertas, ¿lo ves? ámame, adórname, embelléceme, recuérdales que los primeros cristianos Me amaban más que a su propia vida. (30 de junio de 1987)

tened presente el Fin de los Tiempos, tened presente cómo Su Mensaje sanará Su Cuerpo y lo unirá. (St. Mary, 3 de febrero de 1988)

permitid que Mi Hijo os guíe y os sane, purificándoos; dejaos sanar por Jesús; recibid esta gracia que os ofrece Mi Hijo; (Santa María, 26 de septiembre de 1988)

Hijita Mía, Yo os estoy llamando a todos; os busco a cada uno de vosotros; permitidme entrar en vuestro corazón y os sanaré a cada uno de vosotros. (27 de septiembre de 1988)

os llamo a todos, gritándoos con gran angustia, para que volváis a Mí y os arrepintáis; grito en este desierto, pero Mi Voz resuena como un eco que repercute en el vacío… ¡si tan sólo Me escucharais y abrierais vuestros corazones para que Yo os sanara! (5 de octubre de 1988)

os llamo todo el día, extendiendo Mis Manos hacia vosotros para levantaros y sanaros, pero vosotros, por el contrario, Me ignoráis y Me rechazáis. (15 de noviembre de 1988)

Mi Amor por todos vosotros es tan Grande que, Yo, que soy el Santo de los Santos, el Eterno y el Soberano de toda Mi Creación, Me inclino hasta vosotros, para poder tocaros y sanar vuestras enfermedades. (21 de noviembre de 1988)

amadísimos hijos, no vengáis a estas reuniones a buscar señales únicamente; si Yo vengo desde el Cielo hasta vuestra puerta, es para traeros la Paz del Señor y Mi Paz. (3 de noviembre de 1990)

Muchos de vosotros leéis y releéis esta revelación profética con los ojos, pero nunca veis, porque cuando leéis, leéis con el único interés de encontrar señales extraordinarias o indicaciones sobre prodigios y portentos, en lugar de llamar al Espíritu Santo para que os dote de un espíritu de discernimiento y percepción para penetrar más bien en el Misterio de Cristo y en el Misterio de Su Resurrección, y permitir a vuestra alma progresar espiritualmente para alcanzar la tierra prometida… (4 de abril de 1997)

 


[1] Casi una quinta parte de los Evangelios relatan el ministerio sanador de Jesús. Eso demuestra la importancia que Jesús dio a la sanación en su vida pública.

[2] CCC 26

[3] CCC 27

[4] Michael Scanlan, Cómo rezar por la sanación

[5] Michael Scanlan: Cómo rezar por la sanación