(Después del desastre del tsunami en el sudeste asiático)

En este artículo iré señalando algunas profecías que Dios nos ha dado para recordarnos Su llamado al arrepentimiento y al amor, profecías que hablaban de las dos torres en los EE.UU., y ahora del tsunami en Asia que se llevó cientos de miles de vidas, la mayoría de ellos niños inocentes.

Estoy segura de que todos vosotros estáis en oración por los sobrevivientes, y que habéis participado en las donaciones dadas a través de vuestras iglesias. Es terrible ver el dolor y el sufrimiento de personas de diferentes nacionalidades que perdieron a sus seres queridos, de un minuto para otro, especialmente cuando se trata de niños. También nos quedamos asombrados ante algunos milagros que sucedieron, como el pequeño colchón flotante con el bebé de 20 días, y el niño sueco que fue encontrado, entre otros hechos.

Tal vez este fenómeno nos haya hecho entender que ante Dios, no somos nada: que nuestras vidas dependen de Dios y no de nosotros mismos. No podemos hacer nada sin la ayuda de Dios.

Desafortunadamente, cuando ocurre un desastre de esta magnitud, que acaba con vidas inocentes, hay gente que inmediatamente echa la culpa a Dios en lugar de a la humanidad pecadora. Para muchos, también es la única vez que recuerdan a Dios, hablando de Él con ira, y ofendiendo así a Dios aún más. Al mismo tiempo, el dolor y la tristeza hacen que las personas digan a veces cosas que no piensan. Deberíamos orar por estos corazones rotos, para que puedan ser consolados por Nuestro Señor.

Cuando alguien me preguntó una vez, ¿por qué las personas buenas y los niños tienen que sufrir e incluso morir? Le pregunté a nuestro Señor, que me respondió, diciendo: «Si morís, es por vuestra apostasía», lo que significa que nosotros mismos atraemos esos sufrimientos sobre nosotros. Desde nuestra propia maldad nos estamos autodestruyendo, haciendo que incluso la naturaleza se vuelva contra nosotros. Cuando se le hicieron las mismas preguntas a la Madre Teresa, respondió que las vidas de las personas buenas y los niños inocentes se toman porque sol los que están listos para entrar en el Reino de Dios. En las Escrituras, Cristo lo explica en (Lc 13, 1-5):

«En aquel mismo momento llegaron algunos que le contaron (a Jesús) lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. Ante esto, les respondió Jesús: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? No, os lo aseguro, no lo eran, y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo. ¿O aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre de Siloé y los mató? ¿Pensáis que eran más culpables que las demás personas que viven en Jerusalén? No, os lo aseguro, y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo”

Cuando Dios habla, como lo hace en los mensajes de la Verdadera Vida en Dios, es para aconsejar a Su pueblo y acercarlos a Su Corazón. Cuando Dios habla tenemos que escuchar y respetar Sus palabras. Cuando Dios habla, Él habla para corregirnos y consolarnos. Él habla, y nosotros tenemos que escuchar, inclinando nuestros rígidos cuellos, nos guste o no. El orgullo es la raíz de la incredulidad que se niega a escuchar. Como padre, Dios que es nuestro Padre nos reprenderá por nuestra rebelión y nuestra indiferencia hacia Él, pero nunca dejará de animarnos, elevarnos y darnos esperanza para revivir nuestra fe. Al mismo tiempo, Dios viene a nosotros por Su infinita misericordia, para advertirnos que a menos que nos convirtamos y vivamos santamente, nos toparemos con problemas por delante. A Dios no le gusta que suframos y es por eso que, en Su infinita misericordia, Él echa mano de cualquier medio para venir a advertirnos, porque todo el mal es acarreado por nosotros mismos, no por Él.

“Cada día de tu vida, generación, se revela Mi gracia. Y así como Yo brillo sobre toda la raza humana para llevarla a hacer las paces Conmigo y con el prójimo, así brillarán también entre ellos mismos, si tan sólo Me escuchasen.” (6 de enero de 2003).

Cuando escucho a veces cómo la gente empequeñece a Dios por Su Justicia, tengo ganas de clamar: «¡Herejía!» Dios es un Dios de Amor, pero también de Justicia. En las Escrituras está escrito que la severidad de Dios es tan grande como Su misericordia. Cuando dicen: «No creo que estas inspiraciones provengan de Dios, porque son demasiado apocalípticas», cuando Dios nos está advirtiendo, revelándonos claramente lo que podría suceder si no nos convertimos. A estos les preguntaría: «¿Puedes enfrentar el día del Juicio sin temor?» ¿Qué pasó con Nínive? ¿No le dio Dios una advertencia, a través de Jonás? Dios no quería destruir esa gran ciudad, por eso envió a Su profeta para ponerla sobre aviso. Y escucharon y ayunaron. La ciudad no fue destruida.

Uno de los muchos ejemplos en la Escritura de cómo reacciona Dios en los momentos de rebelión y apostasía se encuentra en Jeremías 4, 23-28. Jeremías dice:

«Miré a la tierra, y he aquí que era un caos; a los cielos, y faltaba su luz. Miré a los montes, y estaban temblando, y todos los cerros trepidaban. Miré, y he aquí que no había un alma, y todas las aves del cielo se habían volado. Miré, y he aquí que el vergel era yermo, y todas las ciudades estaban arrasadas delante de Yahveh y del ardor de su ira. Porque así dice Yahveh: Desolación se volverá toda la tierra, aunque no acabaré con ella. Por eso ha de enlutarse la tierra, y se oscurecerán los cielos arriba.»

Dios nos ha estado advirtiendo incesantemente que regresemos a Él y nos reconciliemos con Él, y los unos con los otros. Cristo ha estado suplicando a Su Iglesia que se reconcilie y se una. Ha estado pidiendo a los pastores durante más de 25 años, en los mensajes de La Verdadera Vida en Dios, que se arrepientan y se reconcilien, logrando la unidad por medio de la unificación de las fechas de la Pascua. El mundo entero se está descomponiendo por su maldad y su apostasía, transgrediendo no sólo la Ley de Dios, sino todo lo que es Santo, ofendiendo a Dios sin cesar. ¿Por qué, entonces, alguien se sorprende cuando la gracia del Espíritu Santo aumenta en estos tiempos de oscuridad para ayudarnos? Pero la Oscuridad está persiguiendo a la Luz una vez más. Durante todos estos años, muchas personas han estado creando obstáculos y persecuciones, vertiendo acusaciones, burlas, difamaciones, prohibiciones y calumnias, mientras yo trataba de dar testimonio y trasmitir al mundo la Palabra de Dios, haciendo mi misión extremadamente difícil. Muchas de esas personas pensaban que estaban cumpliendo un santo deber hacia Dios…

Dicen las Escrituras: «En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios.» (Jn 1,1) La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron.» (Jn 1, 9-11).

A través de todos estos años, Nuestro Señor ha tratado de despertar un verdadero entendimiento en todos nosotros, dirigiéndonos repetidamente recordatorios: recordándonos lo que fue dicho en el pasado por los santos profetas y en Sus propios Mandamientos. Sus llamadas, al igual que las de Nuestra Santa Madre, eran llamadas al arrepentimiento, a la paz, a la unidad y a una vida de oración. Nuestro Señor vino y sigue viniendo al mundo de esta manera para iluminar a todos aquellos que se han extraviado, pero hasta el día de hoy muy pocos han reconocido la gracia de Su presencia y aún menos han aceptado Su llamada. No se olvidó de venir en primer lugar a Su propio dominio, entre los Suyos. Pero la carne, por su dureza de corazón y su incredulidad, rechazó el Amor una vez más. Hasta el día de hoy son muy pocos los que Le han aceptado enteramente en Su misericordiosa llamada al arrepentimiento, no sólo haciendo de menos Su misericordia, sino también rechazándola, no permitiéndole reinar en sus corazones.

Hoy la actitud del mundo, igual que la del Faraón, consiste en rechazar, por su terquedad e incredulidad, todo lo que es Santo. Refiriéndose a algunos, Nuestro Señor dice que su comportamiento es peor que el de Sodoma y Gomorra. Todos estos años Cristo ha estado suplicando a Su Iglesia que haga la paz, la reconciliación y la unidad entre sus pastores; ha estado hablándoles a ellos, a los Suyos. A pesar de eso, hasta el día de hoy la unidad no ha sido aceptada. En su lugar, muchos de Sus pastores se están burlando de Sus propias palabras, dadas en estas inspiraciones, haciendo burla de Su íntimo Amor y tratando a la palabra “unidad” como a un enemigo de sus endurecidos corazones. Esos mismos están al borde de la destrucción, pero a pesar de eso, ellos van a su aire, ocupándose de sus cosas.

Cuando el Verbo se hizo carne, el mundo no Lo conoció. Vino a los Suyos y los Suyos no Lo recibieron… En nuestro tiempo Él se ha hecho accesible a todo ser humano, pero muchos han ignorado sus actos y sus palabras. No hay diferencia entre la actitud del mundo de entonces y la de ahora; el rechazo y la desconfianza es lo que llena los corazones. Nuestro Señor pide a sus pastores:

Solemnemente os pregunto a todos: ¿Qué habéis hecho con las Escrituras? Las Escrituras son un espejo que Me refleja. ¿Cómo es posible que, si decís que conocéis las Escrituras, no reconozcáis Mi manera de hablar? ¿Cómo es posible que contradigáis tan fácilmente la verdad? Yo os digo: si no Me reconocéis ahora en Mis palabras, es sencillamente porque no conocéis ni entendéis las Escrituras, que son una llave del Espíritu Santo. Si alguno de vosotros dice: “No necesitamos esta revelación profética, no estamos obligados a escucharla o a leerla, porque nos bastan las Escrituras y podemos aprender de ellas todo conocimiento”, Yo os pregunto, en vuestra incredulidad:

“¿Sabéis por qué no creéis y sabéis por qué estáis tan indiferentes y decididos a cerrar vuestro corazón? ¿Sabéis por qué no buscáis nada más allá? Es porque no tenéis al Espíritu Santo que os podía haber elevado de la oscuridad hasta Su Luz, iluminando vuestra alma para ver al Hijo, junto con el Padre, manifestándose a vosotros. El Espíritu Santo habría exhalado en vosotros un aliento de resurrección que os habría dado vigor y os habría dado vida en Mí.

¿Puede un alma que está muerta entender las Escrituras y ponerlas en práctica, si no vive? Si hubieses entendido las Escrituras, que son como un espejo que refleja Mi Imagen, no habrías dicho: “Las Escrituras me bastan”. No, amigo Mío, las Escrituras no bastan si no posees al Espíritu Santo. Es a través de la Luz del Espíritu Santo como se puede comprender la Revelación, y todo lo que entonces parecían misterios impenetrables y sellados en las Escrituras se volvería conocible y claro, porque el Espíritu te daría la llave del conocimiento.» (13 de noviembre de 2001)

Más adelante, en otra llamada, Cristo pregunta a sus pastores: “Cuando hablo en vuestros días y los pastores no escuchan y no creen que estoy interviniendo, están como dicen las Escrituras: “Nuestros guardianes están ciegos, no se dan cuenta de nada…, todos van a la suya, cada cual tras su propio interés…”

(7 de agosto de 2002)

Y también están aquellos que les dicen a los mensajeros de Dios: “Si estás enviada por Dios y si esas palabras que dices vienen de Dios, prueba tu humildad escondiéndote y escondiendo todas esas palabras. Deja de hacer ostentación de ti y de las palabras alrededor del mundo.” (7 de agosto de 2002) Pero el Señor dice: Responde a esta gente lo siguiente: “Yo no voy a ser como el siervo malvado que ocultó su talento, y después fue condenado por no haber hecho nada. Al contrario, multiplicaré mi talento y daré gloria a Aquel que me lo ha confiado. Transmitiré esta prodigiosa maravilla no sólo a esta generación, sino que los ángeles llevarán las palabras de Dios y continuarán extendiéndolas, como una lluvia de semillas lanzadas desde lo alto, a todas las generaciones futuras, para renovar la creación de Dios y embellecer la Iglesia, para endulzar las bocas de Sus hijos y abrirlas para alabarle, para abrir sus ojos y permitirles examinar sus corazones;

Estoy sellada por todas partes con el Divino Nombre de nuestro Señor, y no temo. Soy su libro sonoro, que declara las mismas Verdades que nuestro Señor nos ha transmitido. Así pues, nada es nuevo. No tengo nada nuevo que proceda de mí, hermanos, sino que todo lo que se me dice viene del Conocimiento Divino y de la Boca del Dios Trino y Uno”. Esto es lo que tienes que decirles en Mi Nombre.» (7 de agosto de 2002)

A pesar de estas palabras, ellos continúan persiguiendo y prohibiendo que la Palabra de Dios se dé a conocer a Sus criaturas, la Palabra que puede llevar a muchas naciones al arrepentimiento, a la conversión y a la fe, haciendo que Dios ceda, como lo hizo sobre Nínive. Aquí hay otra advertencia:

» (…) En cuanto a los que todavía no han recibido Mi visitación, les aguardan muchos tor mentos. El Día del Señor también caerá sobre ellos, ¡y vaya día será! Estaré presto en mostrar Mi Misericordia, siempre que os arrepintáis… Mostraré Mi Misericordia y os reuniré a todos, de todos los lugares bajo el cielo. Pero antes de eso, Yo, el Autor de este Himno de Amor, te digo: a menos que el mundo, en su maldad, se vuelva hacia Mí, arrepintiéndose, devolviendo amor por mal, lo que os puede pasar a todos vosotros ¡superará todos los registros históricos de purificación! No hay arrepentimiento ferviente, ni compunción verdadera… Las naciones están alborotadas, y sus logros están a la medida de su impiedad… Toda la tierra sufrirá, a menos que Yo oiga un verdadero grito de arrepentimiento. Ah, y los que se erigen sobre estrados, proclamando la paz y cómo y de qué manera se debe establecer la paz entre todos ellos, cuando esos mismos transgreden Mis mandamientos y están en guerra Conmigo, ¿cómo esperan, en conciencia, traer la paz? (30 de septiembre de 2002).

En el año 1991, el 11 de septiembre, exactamente diez años antes del gran desastre de las dos torres en Estados Unidos, Nuestro Señor, mirando a la tierra con desagrado, nos advirtió con estas palabras:

«Y Yo, por Mi parte, tengo Mis Ojos puestos en el mundo de hoy, registrando nación tras nación, escudriñando alma tras alma, buscando algo de calor, algo de generosidad y algo de amor; pero muy, muy pocos gozan de Mi favor. Muy pocos se preocupan de vivir una vida santa. Y los días vuelan y las horas están ya contadas antes de la gran retribución (.)» (De repente, Jesús cambió de tono, y después de esperar unos segundos, con un tono muy grave que me dejó sobrecogida, dijo:) «La tierra temblará y se sacudirá. ¡Y todo el mal edificado en las Torres (como las torres de Babel) se colapsará en un montón de escombros y será enterrado en el polvo del pecado! ¡En lo alto, los Cielos se estremecerán y los cimientos de la tierra se tambalearán! Orad para que la Mano del Padre no caiga en invierno. Las islas, el mar y los continentes serán visitados por Mí inesperadamente, a través del trueno y de la llama. Escuchad atentamente Mis últimas palabras de aviso, escuchad ahora que aún hay tiempo. Leed Nuestros Mensajes y dejad de ser despreciativos o sordos cuando el Cielo habla. (.) Pronto, muy pronto ya, los Cielos se abrirán y os haré ver al Juez.» (11 de septiembre de 1991)

El 11 de septiembre de 2001 (justo diez años después de ese mensaje) el mundo se traumatizó con la caída de las dos torres, llevándose tantas vidas, entre ellas las de muchas personas inocentes. Horribles escenas apocalípticas aparecieron ante el mundo entero, pero a pesar del horror que se nos vino encima, en vez de volvernos de verdad hacia Dios y arrepentirnos, el mundo se volvió peor que antes y se dispuso a la guerra. En vez de entender que esto había sucedido por causa de nuestras propias faltas, pecados, culpabilidad, apostasía y rechazo de Dios por parte del mundo, continuamos escuchando a Satanás y siguiendo su camino, en vez de seguir el camino que Dios nos estaba mostrando.

El 24 de diciembre de 1991, la víspera del Nacimiento de Cristo, recibimos otro mensaje de Él, que estaba muy ofendido:

«Hoy vengo a ofrecer Mi Paz a toda la humanidad, pero muy pocos escuchan. Hoy vengo en son de paz y con un mensaje de Amor, pero la Paz que ofrezco está siendo blasfemada por la tierra y el Amor que les doy está siendo burlado y escarnecido en esta Víspera de Mi Nacimiento. La humanidad está celebrando estos días sin Mi Santo Nombre. Mi Santo Nombre ha sido abolido y se toman el día de Mi Nacimiento como un gran día festivo de ocio, adorando ídolos. Satanás ha entrado en los corazones de Mis hijos, encontrándolos débiles y dormidos. Yo he advertido al mundo.»(24 de diciembre de 1991)

Cristo nos muestra que se siente muy ofendido cuando celebramos la Navidad como un simple día festivo, sin Su Santo Nombre y sin acordarnos de su verdadera causa: el Nacimiento de Cristo.

En Navidad se pide a todo cristiano que celebre el nacimiento de Cristo con alegría, yendo a la Iglesia y celebrando el Santo Nombre de Nuestro Salvador y Redentor. Muchos, a causa de su apostasía, celebran y rinden culto al árbol de Navidad en vez, intercambiando regalos, comiendo hasta enfermar y divirtiéndose hasta la locura.

Después de esa fecha ha habido varios avisos. Pero los que yo creo que se refieren al tsunami del 26 de diciembre de 2004 en Asia, son los tres que pongo a continuación. La primera advertencia se remonta al 10 de septiembre de 1987:

Escribí en mi cuaderno: «De repente Jesús me recordó un sueño que tuve la noche anterior y que había olvidado. Era la visión que había tenido últimamente, pero parecía peor en mi sueño.» Entonces dijo el Señor:

«Escucha, te he permitido ver la visión durante tu sueño para hacértela sentir. No, ¡no hay escapatoria!»

Yo escribí: «Recuerdo que cuando vi llegar esa cosa roja que caía del cielo sobre nosotros, como una ola gigante, traté de correr y esconderme, aunque sabía que era imposible.» Entonces pregunté a Nuestro Señor: «Pero ¿por qué hacer eso si nos quieres? ¿Por qué?» Él respondió:

«Se me conoce como un Dios de Amor, pero también como un Dios de Justicia.» Yo pregunté: «¿Qué podemos hacer para detener eso?» Dios respondió: «Enormes reparaciones se requieren ahora de todos vosotros. Uniéndoos y siendo uno, amándoos los unos a los otros, creyendo en Mí, creyendo en Mis Obras Divinas, porque Yo estoy siempre entre vosotros.»

La noticia del tsunami nos dejó a todos conmocionados y consternados, pero nadie puede decir que Dios no nos había enviado avisos. Cuando se recibieron avisos por medio de los que Él había escogido como portavoces, muchos dijeron: «No tenemos ninguna necesidad de esas advertencias, tenemos en nuestro poder el consuelo de los libros santos de los Padres y de la Santa Biblia. No hemos dejado nunca de ofrecer sacrificios y también oraciones, por tanto, ¿qué tiene que decirnos Cristo además de lo que ya nos ha dicho?» Y se taparon los oídos.

Otro aviso nos fue comunicado el 18 de febrero de 1993:

«Mirad, se acercan los días en que Yo voy a venir por medio del trueno y del Fuego, ¡pero, para Mi aflicción, os encontraré a muchos inconscientes y sumidos en un profundo sueño! Te estoy enviando, creación, mensajero tras mensajero para atravesar vuestra sordera, pero ya estoy cansado de tu resistencia y tu apatía. Estoy cansado como nunca de tu frialdad. Estoy cansado de tu arrogancia y tu inflexibilidad cuando se trata de juntarse para la unidad. Has colmado y desbordado la Copa del Estupor. Intoxicados por vuestra propia voz, os habéis opuesto a Mi Voz, pero no será para siempre. Pronto caeréis, porque os habéis opuesto a Mi Voz, con los disparates engañosos de la vuestra. Naturalmente, Mi Iglesia está en ruinas a causa de vuestra división. (.) La tierra se sacudirá y, como una estrella fugaz, se moverá de su sitio, extirpando de su lugar montañas e islas. Naciones enteras serán aniquiladas. El cielo desaparecerá, enrollándose como un pergamino, igual que lo viste en tu visión, hija. Una gran angustia caerá sobre todos los ciudadanos, y ¡hay del incrédulo! Escúchame: si los hombres te dicen hoy: «Ah, pero el Viviente tendrá Misericordia de nosotros; tu profecía no viene de Dios sino de tu propio espíritu». Diles: Aunque se os considera vivos, estáis muertos. Vuestra incredulidad os condena, porque os negasteis a creer en Mi tiempo de Misericordia y prohibisteis que Mi Voz se propagara a través de Mis portavoces enviados a advertir y salvar a Mis criaturas.»(18 de febrero de 1993)

Según los científicos, cuando sucedió el terremoto submarino, la tierra entera se sacudió, se detuvo por una fracción de segundo y se desvió de su eje normal. La isla de Sumatra y también otras islas se desplazaron varios metros de sus lugares originales. Una de ellas, que se creía había desaparecido del todo, fue luego redescubierta en otro lugar.

Después, el 7 de febrero de 2002, Dios nos envió de nuevo una última advertencia. He aquí un extracto:

«Mi Reino Imperial está a vuestras mismas puertas, pero ¿estáis preparados para recibirme?

Con generosidad y con regia prodigalidad he dispuesto un banquete de alimento espiritual para reanimar vuestro espíritu. Cuando Yo estaba ahí, esperándoos para alimentaros con Mi Propia Mano, para salvaros de la muerte, os negasteis a dar un paso al frente. Considerando, por tanto, vuestra reticencia hacia una verdadera metanoia (arrepentimiento, conversión) y la hostilidad que en cambio habéis demostrado hacia Mis avisos, las anteriores escenas de lamentos que se produjeron (el 11 de septiembre del 2001) no son nada comparadas con las mañanas de duelo que os aguardan; mañanas de duelo que serán provocadas por vuestra propia mano. (Estáis) poniendo en peligro no sólo la tierra, sino también la estabilidad de todo el cosmos. (…) Veo desde lo alto, con dolor, cómo se volverán contra vosotros vuestros designios. El mundo está ya saboreando los frutos de su propio plato, provocando que la naturaleza se rebele con convulsiones, acarreando sobre vosotros catástrofes naturales, asfixiándose con vuestras propias intrigas. Os he estado haciendo señas durante años, pero sólo muy pocos han hecho caso. Esta purificación, que cae ahora como un azote sobre ti, generación, atraerá a muchos hacia Mí. Y los que desdeñaron Mis avisos regresarán a Mí en su angustia.»

Como explica la profecía, sucedió en las primeras horas de la mañana.

Nuestro Señor nos está advirtiendo que, por culpa de nuestra apostasía, estamos poniendo en peligro el cosmos; no solamente la tierra, sino el cosmos entero, provocando que la naturaleza se rebele contra nosotros.

Pero eso no es todo, Nuestro Señor nos está avisando de eventos venideros aún peores, si no cambiamos nuestros corazones y regresamos a Dios. El Señor dice:

«Sabes, hija, pronto revelaré también Mi Justicia. Mi Plan tiene un tiempo determinado. Mis llamadas Misericordiosas también tienen un tiempo determinado. Una vez que se acabe ese tiempo, Yo mostraré a todos, buenos y malos, que Mi severidad es tan grande como Mi Misericordia, que Mi ira es tan poderosa como Mi perdón. Todas las cosas predichas por Mí van a suceder rápidamente ahora, nada se les puede restar.» (19 de febrero de 1993)

El 18 de febrero de 1993, Dios nos advirtió diciendo:

«El sexto sello está a punto de ser roto y todos vosotros estaréis sumidos en la oscuridad donde no habrá iluminación alguna, pues el humo surgido del Abismo será como el humo de un inmenso horno, que oscurecerá el sol y el cielo. Y con Mi Copa de Justicia, os voy a hacer semejantes a serpientes y víboras. Haré que os arrastréis sobre vuestro vientre y comáis el polvo, en esos días de tinieblas. Os aplastaré contra el suelo para recordaros que no sois mejores que las víboras… Os sofocaréis y ahogaréis en vuestros pecados. En Mi cólera, os pisotearé, ¡os aplastaré bajo mis pies con Mi ira! (.) Cuando llegue la Hora de las Tinieblas, os mostraré vuestro interior. Daré la vuelta a vuestra alma, y cuando veáis vuestra alma tan negra como el carbón, no sólo experimentaréis una aflicción como nunca antes, sino que os golpearéis el pecho con angustia, diciendo que vuestra oscuridad interior es mucho peor que la oscuridad que os rodea. En cuanto a ti… Así es como voy a exponer Mi Justicia a las naciones, y todas las naciones sentirán Mi sentencia cuando llegue esa Hora. Yo haré que la vida humana escasee más que nunca antes. Luego, cuando Mi ira se aplaque, estableceré Mi Trono en cada uno de vosotros, y juntos, con una sola voz y un solo corazón y un solo lenguaje, Me alabaréis a Mí, el Cordero.

Una vez más se nos concede tiempo para arrepentirnos antes de que la ira de Dios caiga sobre nosotros. Como el Padre ha dicho, «Ya nada puede evitarse de ello», es demasiado tarde para retirarlo del todo, pero lo que podemos hacer es disminuir la fuerza de ese castigo por medio de la oración, el arrepentimiento y un cambio de vida hacia una vida santa.

Estamos llamados a vivir una Verdadera Vida en Dios. Dios puede ablandarse, igual que lo hizo con Nínive.

Los Mensajes de La Verdadera Vida en Dios no son profecías de pesimismo y fatalidad. Dios nos los da en estos tiempos de misericordia para hacernos entrar en vereda. Son una llamada desde el Amor sublime de Dios. Dios no nos permitirá eternamente que ofendamos Su Santo Nombre y vivamos en la impiedad. Esta es la razón por la que viene, por Su Misericordia, para darnos muchos avisos.

Que Dios os bendiga a todos,
En Cristo,
Vassula