Retiro de Egina de 2022
Es un honor y una bendición estar aquí
Doy gracias a nuestro Señor y a nuestra Santa Madre por este retiro, una gracia divina dada a todos nosotros para vivir en amor y unidad en la tierra como en el cielo. Agradezco a Vassula por invitarme. Es un honor y una bendición estar aquí. Agradezco a Theodora, Georgia e Irene por haber hecho que mi viaje fuera mucho más fácil. Agradezco a mis hermanos sacerdotes y a todos ustedes aquí presentes por su amor fraterno en Cristo.
«Padre, Te he glorificado sobre la tierra»
En el Evangelio de Juan, Capítulo 17, el Señor dice: «Padre… 4 Te he glorificado a Ti sobre la tierra, dando acabamiento a la obra que me confiaste realizar. 6 He manifestado Tu Nombre a los hombres que me has dado del mundo. 8 Porque les he dado a ellos las palabras que Tú me diste. 10 … todo lo mío es Tuyo, y todo lo Tuyo es mío, y en ellos Yo he sido glorificado. 22 Y la gloria que Tú me diste, yo se la he dado a ellos, para que sean uno, así como Nosotros somos Uno. ”
Toda la Creación debe estar agradecida al Creador que, por Su amor y Su justicia, creó todo lo que existe.
Los planetas, las estrellas, las plantas, los animales dan gloria a Dios obedeciendo Sus leyes, pero nosotros, los humanos, creados a imagen y semejanza de Dios, la obra maestra de la creación divina, seres inteligentes dotados de un alma inmortal y libre albedrío, a menudo nos olvidamos de darle gloria a Dios, Lo ofendemos con nuestros pecados y hasta negamos Su paternidad.
Por Su infinito amor a la humanidad, el Padre envió su Palabra, Dios como Él, la Segunda Persona de la Divina Trinidad, para salvarnos del cautiverio del pecado y de la condenación eterna. El Hijo, nuestro Señor Jesucristo, glorificó al Padre a través de todo lo que ha hecho en la Tierra, enseñándonos a hacer lo mismo.
Cómo glorificar a Dios
Hay muchas maneras de glorificar a Dios, y el tiempo asignado a esta charla apenas es suficiente para arañar la superficie. Las siguientes diez directrices, respaldadas por las Sagradas Escrituras y los Mensajes de la VVeD, deberían ayudarnos a destacar lo más importante de nuestros esfuerzos por dar gloria a Dios:
- Fé
«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, sino tenga vida eterna» (Juan 3:16)
Todo comienza con la fe en Dios y en su Hijo unigénito. Necesitamos pedir este don de la fe, alimentarlo continuamente y ayudarlo a crecer, abriendo nuestros corazones, como hacen los niños pequeños, y dejando que el Espíritu Santo entre, nos ilumine y nos guíe. Démonos cuenta de que somos polvo y cenizas y sin Él no podemos hacer nada.
«Mis señales para esta revelación son, esta vez, limitadas. Recibo más gloria haciéndolo de esta manera. Quiero que la Fe esté por encima de todo, sin que haya demasiadas señales extraordinarias dentro de esta revelación» (16 de noviembre de 1988)
- Amor
Como hijos de Dios, debemos dar gloria a Dios poniendo más en práctica Su ley de amor, el Decálogo. Sus intereses están antes que los nuestros, y cuanto más tiempo Le dediquemos, más Lo glorificaremos.
Todos conocemos la respuesta correcta a la pregunta del Señor: «¿Qué casa es más importante, tu casa o la Mía?», ¿verdad?
Además, no olvidemos que el amor a Dios no puede separarse del amor al prójimo: «Un mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los otros; como Yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, en que os amáis los unos a los otros.» (Juan 13; 34-35)
«Aún hoy clamo a todos vosotros: ¡vivid Mis Mensajes! renovaos en Dios, en Su Amor y aprended a amaros los unos a los otros; ¡Sed buenos y santos!» (6 de diciembre de 1993)
«Venid a Mí, tan imperfectos como seáis, a compartir Mi Gran Amor. Vuestro amor no debe ser únicamente palabras o mera conversación, sino algo real y activo; retribuid el mal con el bien… retribuid la injusticia con la rectitud… retribuid el odio con el amor… perdonad, perdonad… que el amor esté siempre presente en todos vuestros actos» (29 de noviembre de 1989)
- Humildad
«cuanto menos seas tú, tanto más soy Yo» (2 de abril de 1990).
«Clamadme: ‘¡Kyrie eleison! ¡Christe eleison! ¡perdóname a mí, pecador!’, humíllaos y Yo os levantaré… anonadaos y Yo os elevaré hasta Mí y os esconderé en Mi Sagrado Corazón» (29 de noviembre de 1989)
La humildad y el amor son las claves de la unidad. Recordemos la visión de la VVeD de las tres barras de hierro que representan a los católicos romanos, los ortodoxos y los protestantes, y a dónde conduce la falta de humildad y amor entre nosotros.
«Tendré que venir a ellas con Mi Fuego y, con el poder de Mi Llama sobre ellas, se ablandarán para doblarse y fundirse en una sola barra de hierro sólida, y Mi Gloria llenará la tierra entera» (26 de octubre de 1989)
- Obediencia
En su oración al Padre, el Hijo de Dios describió su misión como un acto de obediencia a la voluntad del Padre: «He terminado la obra que me has encomendado«. (Juan 17:4)
Nuestra Santa Madre, perfecta en obediencia, solo superada por el Hijo, nos enseña en Caná de Galilea: «Haced todo lo que Él os diga.» (Juan 2:5). Ella repite la misma enseñanza en el mensaje de la VVeD del 29 de enero de 1988:
«… complacerlo además en obedecer sus demandas; recuerda que Jesús nunca te pedirá algo que pueda dañarte; Jesús es para vuestra salvación, Jesús significa Salvador» (29 de enero de 1988)
Obedezcamos al Señor sin miedo.
«La obediencia a Mí, tu Dios, es antes que la obediencia a los hombres; medita en estas palabras» (4 de diciembre de 1989).
- Total abandono a la voluntad de Dios
El Señor nos enseña este abandono en su sublime oración al Padre – «Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo«, y durante las horas de pasión en el huerto de Getsemaní – «… no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lucas 22:42).
Nuestra Santa Madre se hace eco de esta misma enseñanza. Toda su vida fue un abandono perfecto y completo a la voluntad de Dios.
«He venido a recordaros a todos que un verdadero apóstol de Dios es aquel que hace la Voluntad de Dios: amar es hacer la Voluntad de Dios» (6 de diciembre de 1993)
- Adoración y oración contemplativa
«Dios le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que está sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra, y debajo de la tierra» (Filipenses 2, 9-10)
Damos gloria a Dios incesantemente, a través de nuestras oraciones, pero deben ser oraciones del corazón. Debemos buscar la intimidad con Aquel que es todo para nosotros: Dios, Padre, Esposo del alma, Salvador, Consolador, Protector, Mejor Amigo, pero nunca olvidando que Él es santo. Tan a menudo como sea posible debemos orar en silencio, con todo nuestro ser adorando a Dios, en la forma más alta de oración, la oración de adoración contemplativa.
«ah, déjame escuchar eso a menudo; deja que tu corazón me hable; ven a meditar sobre Mí, medita sobre Aquel que es el Camino, la Verdad y la Vida; ven en adoración contemplativa, porque eso Me agrada. Yo y tú, tú y Yo, cara a cara, en total silencio; Yo, revelándote Mi Belleza, y tú, alabándome» (12 de octubre de 1989)
- Evangelización
El 30 de junio de 1990 el Señor dijo: «Llevad a mi pueblo a la obediencia de la fe… difunde Mi Mensaje«
El divino «pan vivo» (mensajes de la VVeD) fue dado para revivirnos para la gloria de Dios… pero debe llegar a otras almas que necesitan este rico alimento nutritivo. Tenemos el deber de difundirlo como apóstoles del Fin de los Tiempos, de manera similar a los primeros apóstoles que difundieron la Buena Nueva (el Evangelio).
Al hacer eso, recordemos que somos como el cartero que entrega una carta (la carta de Dios), que solo Él puede cambiar un alma y que nuestras obras hablan mucho más que nuestras palabras.
- Unidad
«… la gloria que Tú me diste, Yo se la he dado a ellos, para que sean uno, como Nosotros somos Uno.» (Juan 17:22).
Unirnos en oración, en amor, humildad y obediencia al llamado de Dios a la unidad, sin hacer distinciones entre nosotros, como Dios no hace distinciones entre Sus hijos, trae gloria a Dios: «¡Ortodoxos! ¡Católicos! ¡Protestantes! ¡Todos me pertenecéis! ¡Sois todos Uno a Mis Ojos!«; «la división es un pecado que masacra diariamente Mi Cuerpo«, dijo el Señor el 27 de octubre de 1987, el 13 de noviembre de 2001 y el 27 de marzo de 1992, respectivamente.
Debemos vivir en la unidad cristiana y promoverla… derribar las barreras que ponemos entre nosotros por orgullo, falta de amor y prudencia excesiva y enfocarnos en unir el Cuerpo de Cristo, la Iglesia, cuya Cabeza es nuestro Señor Jesús. Centrémonos en nuestras similitudes, no en nuestras diferencias, y recordemos que todos somos pecadores que necesitan perdón.
- Veneración a nuestra Santa Madre, a los poderes celestiales y a los santos
Honrar a nuestra Santa Madre, a los ángeles y a los santos agrada a Dios. Pidámosles que nos enseñen cómo dar gloria a Dios, consolarnos en el dolor e interceder por nosotros en nuestras pequeñas misiones.
“Honra a Mi Madre
como Yo, que soy la Palabra y estoy por encima de todo,
la honro;
¿cómo no iba a desear que ustedes
que son polvo y ceniza
La reconozcan como Reina del Cielo,
y La honren?
Mi dolor de hoy
Mi dolor, hoy en día es ver qué poco sabe Mi creación sobre Su importancia».
(22 de diciembre de 1987)
Consolaré a todos los que me aman, en esos días de dolor. Estaré siempre muy cerca de vuestros corazones, os haré sentirme, os enviaré una legión de ángeles y santos para consolaros a todos, ¡así que ánimo, amados, ánimo! (8 de noviembre de 1988)
- Paciencia, perseverancia y esperanza
En un mundo sin Dios, ¿nuestra misión va a ser fácil? Cuando la Cabeza de la Iglesia está sufriendo, ¿estará el Cuerpo de la Iglesia exento de sufrimiento? No, sino que pongamos nuestra esperanza en el Señor, hagamos lo mejor que podamos para la gloria de Dios, y Él hará el resto.
«… Tus sufrimientos te enseñarán a ser paciente; ¿No has oído decir que la paciencia trae perseverancia y la perseverancia trae esperanza? y esta esperanza, sobre esta esperanza se levantará Mi Reino; que cada parte de ti me glorifique ahora » (21 de diciembre de 1992)
Conclusión
Me gustaría concluir esta charla con la oración llamada «Avívanos a todos para Tu Gloria» dada a Vassula para todos nosotros el 15 de noviembre de 1991.
El Señor escribió:
Yo soy; ven a Mí en todo momento; ora Conmigo, diciendo:
Tú eres mi único Dios,
mi única Esperanza,
mi único Amor,
Tu eres mi Dios sin rival,
siempre tan Tierno y Delicado
con el débil y el miserable.
No dejes que el Cáliz de Tu Justicia
se desborde sobre nosotros.
Permite que los cautivos sean liberados
antes de Tu Día, mi Señor.
Nuestras faltas han sido muchas a Tus Ojos
y nuestras rebeliones y apatías aún
más numerosas,
pero Tu Corazón palpita
de Amor y de Compasión.
Envíanos, Oh Padre Benignísimo,
un poderoso Aliento de Tu Espíritu
que nos reanime a todos
para Tu Gloria. Amén.
