3 de febrero de 2003

Vassula, proclama todas Mis maravillas a cada nación. La inocencia y la integridad Me recibirán con los brazos abiertos y se beneficiarán de Mis maravillas. Necesito reeducar a Mi pueblo para que aprendan a rendir tributo al Padre, a Mí y al Espíritu Santo, a rendir tributo a Nuestra Gloria y Nuestro Poder, tributo a Nuestra Misericordia y Bondad, tributo a Nuestros milagros y Nuestras señales. Por esto tengo que reeducarles, para que aprendan cómo buscar Mi Santo Rostro y reconocerlo. Cuando vuestros fundamentos caen en la ruina, ¿no debo intervenir? ¿No has leído que nunca he dejado de obrar?1 Pero ¡creer que he dejado de enriquecer a Mi creación con abundantes dones, como en tiempos antiguos, es la más dañina de las herejías! Cada obra que hago está llena de gloria y majestad. Mis Obras son sublimes y los que se deleitan con ellas hacen bien en fijar sus ojos en ellas. Mensajera Mía, a la orden de tu Rey apresúrate a escribir esta Oda, dándole el nombre de:

“Odas de la Santísima Trinidad”

Después, haz que se conozca en cada ciudad, en cada provincia, y hónranos. El Padre va a dirigirse ahora a ti…

(Era Jesucristo quien hablaba)

(El Padre:)

Creación, no llores, no estés en duelo, ¡alégrate y llénate de gozo! ¡No eleves más cantos fúnebres cuando el Creador te está cantando! Por el contrario, abre tu corazón para que Mi Gloria y Mi Luz te adornen majestuosamente. Tampoco cierres tus oídos a tu Rey, que te trae esta riqueza del cielo. ¡Aquel que has catalogado como inaccesible e invisible o como esencia oculta, se dirige a ti ahora! ¡Alégrate en estos tiempos de Misericordia y llénate de gozo! ¡Oh Raza tan amada! ¿Por qué has permitido que la devastación y la ruina te engloben y te invadan hasta tal punto? Dime, ¿qué beneficio he recibido de tus manos? Cuando Mi pueblo gime y se lamenta bajo el peso de la opresión, o grita bajo la tiranía de sus enemigos, nadie piensa en preguntar: “¿Dónde está Dios, que hace sonar alegres Odas?” Nadie admite haberse ensuciado las manos con la impiedad. ¡Estás sentenciando tu propia vida, creación! Mi Oda, ahora, es para conducirte al arrepentimiento y a reconocerme. Aunque eres carne y hueso y sustancia terrenal, Yo te he dotado de Mi Espíritu y te he creado a Mi Imagen.

Muchos de vosotros preguntáis hoy con incredulidad: “¿Cómo puede esta esencia oculta, por encima de toda esencia, absolutamente inconcebible, que es Dios, manifestarse de este modo tan místico en nuestros tiempos actuales, y expresarse en términos tan directos, por medio de una de nosotros que también es polvo y cenizas?” Puesto que no podéis transcender hasta Mí, Yo, con Mi luz y Mi conocimiento transcendentes, he querido dirigir Mis Odas a esta generación que necesita desesperadamente el auxilio salvador, revelándome a vosotros de esta manera…

Así pues, soy libre de cantaros y recordaros vuestros verdaderos fundamentos. Os canto para daros vigor y confortaros, para vendar los corazones rotos y obrar maravillas en vuestro corazón. Mi Oda será tan dulce como la miel en todas las bocas, y como la música en una fiesta de vendimia. Siendo el Creador de todo y la causa de todos los seres, estoy en todas partes, y nadie puede decir de Mí: “Dios no se expresa de esta manera”. ¿Cómo podéis decir estas palabras si estáis en la oscuridad? En lugar de eso, saltad ahora de alegría y discernid a través de vuestra oscuridad, pues, ¿quién es como Yo? Padre, Yo Soy. Himno Litúrgico de vuestra alma, Yo Soy. Luminosa Divinidad, Yo Soy.

Dicen las Escrituras: “Dichosos los puros de corazón, ellos verán a Dios”. Hoy, Vassula, cada uno ve hasta donde es capaz de ver, pero os digo a todos: también vosotros podríais contaros entre Mis santos que son dignos de verme, si permitís que Mi Espíritu Santo pase por vosotros para destruir todas vuestras impurezas. Y una vez que adquiráis la pureza, os será dada la visión de Mí Mismo.

¡Ah generación! Desde el principio mismo, Nosotros te hemos creado a imagen de Nuestra Propia Naturaleza, diciendo: “Hagamos a la humanidad a Nuestra Propia Imagen, a semejanza Nuestra”. Pero, como sabéis, el demonio, en su envidia y odio hacia Mí y hacia vosotros, os ha llevado a todos a la Muerte. Sin embargo, el Invierno ha pasado y la Primavera Misma ha venido a la tierra y os ha redimido, revistiéndoos una vez más de Su Gloriosa y Divina Belleza. ¿Qué tenéis, pues, que temer?

Ahora, venid todos los que Me deseáis, y agrupaos a Mi alrededor. Venid y escuchad esta Oda que viene de las reservas del Cielo…

Bienaventurado el que Me abrace: Yo le fortaleceré en nuestra unión… Hoy, Yo desciendo desde lo más alto del cielo para llamaros a que os hagáis uno Conmigo. Me doy a vosotros para que descubráis Mi Grandeza y Mi Divinidad. Es la unión mística entre el Creador y Su criatura. El Esposo, que es igualmente vuestro Rey, os invita a desposaros con Él. Como un esposo saliendo de su pabellón de oro, resplandeciente de gracia como un sol, reflejando su luz, así salgo Yo del cielo para invitaros a la Cámara de Oro de Mi Corazón, que es Mi Seno y Mi Amor.

Tú, que nunca has comprendido las profundidades de Mi Amor Divino, ni que Mi Corazón es tu lecho nupcial, ven y aprende Mi lenguaje… Invito a tu delicada alma a gozar de Mi dulzura. Mi deseo —y añadiría, Mi sed— es salvarte y elevarte para que asciendas al cielo, al que perteneces.

Ven a Mí, propiedad Mía, a la Cámara de Oro de Mi Seno, y concederé a tu alma la visión de Mi Santo Rostro. Bienamada, haberme oído es nacer de nuevo; haberme visto es existir. ¿Qué mejor oferta que la de alguien que te ofrece la felicidad eterna en una vida transcurrida Conmigo? ¿Y para toda la eternidad? En el Abismo de Mi Misericordia, Yo puedo lavarte de toda mancha y purificarte de todos tus pecados, para que obtengas Mi herencia…

A fin de que estés convenientemente adornada y perfumada, y seas digna de entrar en la Cámara Nupcial de la Divinidad y desposarte con Él, debo transformarte para que seas como la estrella de la mañana, como la luna en su plenitud, como el arco iris resplandeciendo sobre nubes brillantes. Cuando el Espíritu Santo ponga sobre ti el espléndido Vestido, serás como un puñado de mirra, como rosas en primavera. Cuando seas revestida de Cristo Mismo, tu traje de bodas, estarás ataviada de gloriosa perfección, preparada para subir al santo altar2 a encontrarte con tu Esposo, adonde te conducirá la Gracia Divina… Yo te concederé entonces, propiedad Mía, la visión de Mi Divino Rostro. Aunque todavía estés en la tierra, estarás en Mí y, habiéndote dado la visión de Mí Mismo, tu corazón subirá al cielo bajo la Luz Divina, sobre las alas del Divino Amor y de la Religión, cayendo en la cuenta de que Aquel que se alza ante ti, en Su inefable y gloriosa Belleza, no es otro que tu Creador y tu Esposo. Y tú, en tu asombro y embelesamiento, clamarás a Mí:

“¡Qué Soberanía! ¿Qué impresionante Majestad es ésta que experimenta mi corazón? Misterio de toda la creación, oh Jinete de los cielos, Figura Prodigiosa, totalmente bella: la misma luna carece de brillo delante de Tu Gloria, mi Señor. Y las estrellas parecen impuras ante Tu estatura resplandeciente. Sin rival y sin parangón, recubierto de zafiros, Tu Gloria no tiene comparación. Dulce es la melodía de tu Voz. Bajo Tu Lengua, leche y miel. Al fondo de Tus Ojos, dos rayos de luz deslumbrantes. Pero ¿cómo se me considera digna de entrar en Tu Cámara Real, oh Soberanía? ¿Cómo se me tiene en cuenta para ser tan privilegiada, tan bienaventurada como para estar pronto unida y ser uno con el Dios Omnipotente? Mi alma está ahora saciada de delicias. Aquí estás, con Tu dosel de oro cubriendo Tu Trono Real, invitándome a mí, ser indigno, llamándome hacia Ti con Tu ademán señorial. Y yo, temblando y desfallecida, totalmente vencida y herida por Tu Mirada Divina sobre mí, pierdo todo mi recuerdo del mundo frente a esta visión maravillosa que Tú, en Tu exuberante Amor, me estás ofreciendo. Por Tu benevolencia, me has trazado un camino ardiente, conduciendo mis pasos hasta Ti. Ahora, con el más ferviente deseo de estar unida a mi Bienamado, apasionada, volaré como una paloma a Tu Abrazo y me fundiré, desapareciendo en Tu radiante Luz y volviéndome luz yo misma”.

Entonces, tu Rey, desbordante de Amor, se inclinará hacia Su esposa y sostendrá suavemente su cabeza, haciéndola reposar sobre Su Seno, diciéndote con una Voz melodiosa estas palabras: “Ahora te tengo bien segura”, mientras que un rayo de luz radiante brotará de Mi Boca y te cubrirá…

“Me estoy dando a ti para que Me poseas y Me descubras dentro de tu corazón, propiedad Mía. Descúbreme en Mi Luz trascendente y resplandecerás en cada uno de tus miembros, como el rostro de Moisés resplandeció al verme cara a cara. Avánzate y Yo resplandeceré en cada uno de tus miembros.”

Ah, bendito el que Me abrace, pues será como fuego e incienso en el incensario, como vasija de oro repujado, incrustado de toda clase de piedras preciosas, bajo el brillo de Mi Majestad. Este es el momento preciso que he preparado para todos vosotros, desde el principio de vuestra creación:

La Cámara Nupcial donde Yo llevo a cada alma
para que tome parte en Mis Bodas Místicas…

Esta gloriosa manifestación del cielo te es revelada para santificarte, para hacer de ti una santa al ver la grandiosidad de tu Dios Trino y Uno. Que tu alma se llene de gozo por la misericordia del Señor.

Y ahora digo a Mi esposa: “Bienamada, no temas, no morirás, aunque los rayos de Mi Mirada sobre ti te hayan herido y te sientas desfallecer, pues Yo, que soy la Vida, te tengo ahora bien segura y no te dejaré partir. ¿Ves? El invierno ha pasado, las lluvias han cesado y se han ido, las flores aparecen sobre la tierra, la estación de las ceremonias nupciales ha llegado. ¿No sabías que eres de ascendencia real y que tu Rey te ha estado esperando?”

“Enamorado de Mi esposa, contemplo el don de Mis Manos. Me miro a Mí Mismo en tu interior, y lo que veo Me deleita. Miro una vez más lo que ahora es Mi Propiedad, Mi Viña, Mi Jardín. Miro Mi propia semilla, el hueso de Mi Hueso, la carne de Mi Carne y, aunque veo la herida que Mi gran Amor te ha infligido, que te ha hecho ascender a lo más alto del cielo, Me alegro de la flor3, la marca permanente que Mi Amor ha dejado en ti… Esta herida es la marca de la tierra prometida, del descubrimiento de la perla. Ésta es la señal de Mi Amor exuberante, la señal de tu resurrección, la señal de la tumba vacía.

“Lo que tus ojos están presenciando ahora, delante ti, es la Virtud en Su Trono. Muy amado y fragante óleo de Mi Corazón, Mi amistad amorosa endulzará y confortará tu alma. ¡Desposados al fin! Ven ahora a Mi Abrazo y contempla Mi Luz, Mi Corazón, Mi Riqueza, Mi Misericordia, que enriquecen e iluminan tu alma, haciéndola más grande que todos los reyes y sus reinos. Tu única ambición, de ahora en adelante, deberá ser suplicar por los demás en Mi Presencia, rogando por sus pecados. Estando unida a Mí, te llenarás de espíritu de entendimiento y derramarás sobre esta generación palabras de sabiduría.

“Entonces, descansando aún en Mi Abrazo, al amanecer, recurrirás con todo tu corazón a Aquel que te ha creado. Darás gracias a Aquel que te ha perfumado con mirra. Junto a Mí, y en Mi Abrazo, crecerás rectamente en determinación y saber. Meditarás acerca de todos Mis misterios ocultos, y sobre la Virtud angélica de la impasibilidad. Después, de cuando en cuando, te enviaré por el mundo para que expongas las instrucciones que has recibido. Modelada ahora en Mi Corazón, obtendrás una nueva mente. Conocerás Mi Voluntad y sabrás lo que está bien, pues Yo seré tu guía. Yo y tú estaremos asociados. Así pues, entra en sociedad Conmigo para ir juntos a las regiones subterráneas, a aquellos que han bajado a la fosa, y liberarlos para que, a su vez, lleguen a conocerme a Mí, su Dios. ¿Comprendes?

“Yo enseñaré a Mi paloma a remontarse a los cielos, perfumando las naciones. Y goteando aún bálsamo y mirra por Mi Abrazo, tus labios cantarán a tus propios conciudadanos, sin tener en cuenta color o raza, las Odas de la Divinidad. Tus labios, húmedos de gracia, cantarán al son de la integridad y la religión, y según la Divina Ley de Amor y Redención, mientras cubres a los ciudadanos de bálsamo y mirra. Tú les abastecerás de los depósitos del cielo.”

Creación, Yo te he creado para llenar tu corazón de Mi dulzura y Mi Amor Divino. He ungido tu corazón exhalando Mi aliento sobre ti, y lo hice de tal forma que fuera capaz de contener y mantener Mi Amor sublime y Mi propia Dulzura, pues Mi Amor es mejor que la vida misma. Yo no privo jamás a un corazón de esta alegría de Mí Mismo, pues al tenerme contenido en tu corazón, sin ninguna resistencia por tu parte, los consuelos espirituales quedan tan incrustados en ti, que tu corazón se beneficia aún más de Mi dulzura, de Mi Amor y de Mi Deidad, conduciéndote así, con lazos de amor, por el sendero filial para gobernar Conmigo, tu Rey. Gobernar Conmigo te investirá de la belleza de Mi Gloria, mientras que los ángeles y toda la Corte celestial te envolverán en el manto de Mi Integridad, elevándote como un incensario lleno de incienso para perfumar la tierra.

Pero si encuentro un corazón tibio, fuese cual fuese el Amor y la dulzura que contenía al nacer, ese corazón nunca será capaz de aprovechar Mi Presencia. Será como una cisterna agrietada que pierde continuamente su contenido, sin retenerlo jamás; y por mucho que se la llene, siempre se secará y continuará vacía… Un corazón así se ve finalmente privado de esa alegría conocida por Mis santos. Por falta de fe, y por dar preferencia a caprichos terrenales y materias lujosas, distintas de Mi riqueza espiritual, esos corazones, después de haber sido llenados de Mi Presencia, Me pierden gradualmente como el líquido que se filtra por las fisuras de la cisterna. Y Satanás, al no ver resistencia, los envuelve entonces en su oscuridad.

Por lo tanto, tú que aún no has probado nunca Mi dulzura, sino que te has abastecido eternamente de amarga hiel, levántate ahora y avanza, pues hay una sola gloria, un solo deleite, un solo momento inefable de alegría que puede resultar eterno, un solo embelesamiento del alma, que es: verme y saborearme a Mí, tu Dios.

Sí, Vassula, tu alma desfalleció el otro día, cuando, por gracia, Me aparecí a ti y, mientras Me contemplabas, el suelo parecía oscilar bajo tus pies al caer Mi Mirada sobre ti. Estabas fascinada. Mi aparición te dio una nueva mente y una nueva vida. Mi dulce conversación contigo te desposó. Mi fragancia sobre ti te ungió para que te unieras a la procesión de Mis Ángeles y Santos, alrededor de Mi Presencia, y cantaras con ellos un himno de acción de gracias, proclamando todas Mis maravillas y Mis prodigios, entusiasmada con Mis Atrios celestiales, el lugar donde Mi Gloria establece su hogar.

Aquel que dijo una vez: “Que se haga la luz en ti, amiga Mía”, Aquel que llena todas las cosas sin estar contenido por sus límites, te invita a rechazar todo lo que es maligno. Hoy, tu Rey, tu Creador y tu Esposo te ofrece un gran banquete. Con generosidad y prodigalidad, por mandato real, he dado autoridad a todos Mis Ángeles para que vayan de Norte a Sur y de Este a Oeste a reuniros a todos, anunciando que el Dios Trino y Uno, de una manera inefable, se propone transfigurar Su creación. Estos Ángeles son los Guardianes del Umbral de Mi Reino.

Esos serán los días en los que tu alma ha de estar preparada y ataviada para el Esposo. Yo expongo Mis Riquezas, y el esplendor de Mi Reino, y la Gloria de Mi Majestad, que te pertenecen, para que tú los disfrutes. Desciendo a la tierra, como os he dicho, como un Esposo, en estos días de oscuridad y tristeza, de aflicción y angustia, de opresión y grandes desórdenes, donde se ha dado rienda suelta a los demonios para ir en todas direcciones y engañar no sólo a los miserables y a los impuros de corazón, sino también a la élite. ¡Oh bendita renovación! ¡Oh bendita transfiguración! Cautivos hoy, pero libres mañana…

Te digo de verdad que tú también te unirás a la procesión alrededor del altar, junto con Mis Ángeles y Santos, si estás abierta a Mi Voluntad, dejándote conducir de este modo a la Cámara Real del Rey, con los Ángeles y los Santos en tu séquito. Entonces, estos Guardianes del Umbral de Mi Reino clamarán a una sola voz: “¡Puerta, alza tu arco, elévate tú, puerta gloriosa, deja entrar a la esposa! El Rey de la Gloria, el Gobernador de las naciones que reina por siempre, su Bienamado, está esperando a Su esposa”.

Una vez que hayas cruzado el Umbral del Rey, te encontrarás en presencia del Rey de la Gloria, la Fortaleza de tu vida, la suma belleza. Lealtad y Nobleza son Sus insignias. Tu Esposo, sentado en Su Trono Real, con un Cetro de oro resplandeciente en Su Mano, revestido de todos Sus atavíos de Gloria, cuajados de oro y zafiros —una visión formidable—, alzará Su Rostro al sonido de tus pasos e, inflamado de majestad, dirá:

“Ven a Mí y recíbeme como Yo te recibiré. Te embelleceré con Mi Abrazo, con grandeza y esplendor. Mi conocimiento íntimo y el honor de tu Dios serán desplegados sobre ti, adornando tu alma y haciéndola perfecta. Ahora vas a tomar parte en nuestro matrimonio espiritual, en esta Divina Unión en la que obtendrás inefables bendiciones que sobrepasan cualquier bienaventuranza.”.

Esto es lo que ocurrirá si estás abierta a Mi Voluntad. Generación, pongo Mi Amor ante tus ojos y, aunque Mi Amor está por encima de la comprensión humana, ven, haz una pausa durante un rato para reflexionar, y entiende que Yo soy Dios, pero igualmente Padre. Yo no hablo con formulaciones rígidas, no es así como hago a los Santos y a los Mártires. Mi dulce conversación contigo es virtud y religión. Dirijo Mis Odas sin ninguna espada al costado. Mis Divinos Misterios son amables y te son revelados con el óleo de la alegría. Aunque he visto tu vileza y conozco las miserias de tu alma, no he apartado Mi Rostro de ti, antes bien te recuerdo con Amor. La bondad y la amabilidad son los caminos que he elegido para ti, pues Mis caminos son el Amor y la Verdad. Por Mi Santo Nombre, he reanimado tu alma, hija Mía, y he perdonado tu culpa. He puesto a tu lado la Virtud y la Integridad para que sean tus gozosas Compañeras. Para que disfrutes de Mí, bienamada, y camines en Mi Presencia, Conmigo, en el país de los vivos, te he ofrecido adquirir la Sabiduría y he querido ataviar tu cuerpo con Mi Luz trascendente.

Está escrito: “Dichoso el hombre que Tú eliges, a quien invitas a vivir en Tus Atrios”4.

Es cierto, porque el que está invitado ya no está solo. Los que estaban solos están ahora en Mí y son bienaventurados. Han renunciado al mundo, a sus amigos y a sus parientes, desprendiéndose por Mi Gloria. (Me da más gloria y recibo más honor cuando el desprendimiento viene de personas que viven en el mundo, rodeadas de tantas tentaciones, pero por su propia y libre voluntad dan la espalda a todos esos males y, de buen grado, Me ofrecen su voluntad)5.

—Yo protejo con Mi Luz Divina
a todos los que están en Mí—

Venid a escuchar Mis Odas, todos los que Me teméis. ¿Habéis oído alguna vez que Yo haya olvidado mostrar Mi Misericordia, o que Mi cólera haya vencido a Mi Ternura? Todo lo que hago, está hecho con fidelidad y justicia.

Ante los ojos de tus enemigos Yo te he ceñido con Mi Abrazo, Vassula. ¡Ay de tus agresores! ¡Ay de los que llenan su corazón de malvada furia y te envidian porque Mis Ojos estaban posados en ti, produciendo luz en tu interior! Que Yo te atraiga tras Mis Pasos les ha enfurecido. Que Yo te murmure al oído Mis Odas amorosas ha sido razón suficiente para que te asalten. Pero Yo te he hecho como una gacela, saltando por las montañas y libre. He hecho tu corazón como un lirio, libre de preocupación. Te he conferido Mis bendiciones, levantándote del polvo, ofreciéndote un lugar eterno en la Cámara de Oro de Mi Corazón. Ésos habrán de beber un día de su propia copa de amargura, llena de veneno.

Así pues, deja ahora que Mis Palabras te consuelen, que sean como un bálsamo sobre ti. Inclina tu oído ahora y recibe Mi cántico. La Dignidad Real ha puesto Sus Ojos en ti antes de que nacieras6, para mostrarte —y mostrar a través de ti— Mi Gloria y el camino hacia Mi Reino, ¡un camino maravilloso! Y desde entonces, Yo Me convertí en tu luz estelar a través de la noche de tu alma, y en la luz solar durante el día… Mi Mano todopoderosa nunca ha carecido de medios para distribuiros Mis dones, sin embargo, tu pueblo7 se ha enfrentado a Mis dones y ha tratado de tomarme la medida.

Yo gobierno con gran indulgencia para iluminar, para instruir y para derramar en gran abundancia óleo consagrado sobre la cabeza de los que Yo elijo, haciendo que se pronuncien oráculos proféticos, misterios que están ocultos a los eruditos y a los sabios. Deseando destruir y martirizar al alma que Yo amo, que he favorecido y que he llenado de palabras misteriosas, de nobles cánticos y de odas reales, os digo a vosotros que tramáis el mal: vuestra propia maldad os castigará. Y Yo recordaré a estos opresores sus infames pecados el Día del Juicio.

Yo soy el Gobernador de tu espíritu y nadie será nunca capaz de hacerte temblar. Nuestra dulce conversación contigo continuará, haciendo brotar grandes manantiales en tu corazón, y juntos, amadísima Mía, esparciremos Mi delicada fragancia alrededor del mundo, perfumando nación tras nación. Entonces se podrá decir: “El invierno ha pasado, las lluvias han cesado y se han ido, las flores aparecen sobre la tierra”. ¿Ves? Por eso te guardo Yo en Mi Corazón, donde puedes recibir de Mí consoladoras caricias. Pero ¡espera y verás cuánto más serás consolada en el cielo, en Mi Reino, por cada agresión cometida contra ti! Todo está medido… En la Cámara Real de Mi Corazón, Mi nardo continuará esparciendo su perfume en tu corazón, y el aire amargo que habías inhalado de tus acusadores se evaporará rápidamente, dándote sosiego y paz de espíritu. Así consolada por los perfumes aromáticos, nunca te irás de Mi Corazón Real, jamás… Más que nunca, te unirás a Mí, al verdadero Dios.

Dime ahora, ¿dónde descansarás a mediodía?

Descansaré
en la Cámara de Oro de Tu Corazón.

Dime, hazme saber, amadísima Mía, ¿dónde descansarás por la noche?

Descansaré
en la Cámara de Oro de Tu Corazón Real…

¿Y dónde descansarás el resto de tu vida?

Tomaré mi descanso
en la Cámara de Oro de Tu Corazón Real.

Señor, Padre, Esposo y Amante de la humanidad,
plantaré mis raíces en Tu Corazón.
Seguiré las huellas de Tu Corazón Real,
donde uno se olvida de sí mismo en Tu contemplación…

¡Señor! Tu Amor es una Liturgia para la humanidad.
Soberano Dueño y Señor,
en Tu Misericordia
has tenido a bien envolverme en Tu radiante Luz,
disipando no sólo las tinieblas,
sino también el vicio.

¡Dios Todopoderoso,
Tú que sostienes el universo en la palma de Tu Mano,
no sólo me siento maravillada,
sino totalmente vencida cuando Te adaptas,
sin ninguna incongruencia, a mí y a mi vida!
En vez de rechazarme, en Tu Amorosa Gentileza
cubres mi alma de regalos nupciales,
destilados de las reservas del Cielo.
Luego, en Tu Amor exuberante,
Te unes a mí en un matrimonio espiritual Divino,
haciéndome experimentar el sabor de Tus Besos,
que sobrepasa la fragancia de la mirra y del incienso,
y de todos los perfumes aromáticos.
Mi alma, así en Tu Abrazo, dice a cada uno:

“Tú también puedes obtener las mismas gracias
y los mismos dones inmerecidos,
si decides pasar una vida en Dios.
Sentada también en Su Regazo,
adherida a Su Corazón Real,
agarrada a Sus Vestidos perfumados,
mientras se deleita en Su Abrazo, en profunda meditación,
y perdida en la contemplación de Su inefable Belleza…
…tu alma se saciará de Su Beatitud,
transcendiendo toda delicia,
toda dulzura, toda gloria.”

Por Su favor se me ha permitido
aprender con diligencia, el Alfabeto de lo Divino…

Pues esta es Mi dulce Doctrina, Mi Diálogo. La Doctrina y el Diálogo que se debe enseñar a toda la humanidad. Quiero recordaros a todos Mi Lenguaje y reeducaros. El corazón humano debería aprender Odas semejantes a éstas, porque la Sabiduría y el significado sagrado de la Verdad residen en Mi Corazón Real.

(Se necesitaron varios días para escribir este largo mensaje)


1 Jn 5,17.
2 Se puede entender también como la cámara nupcial.
3 ‘Flor’ equivale a ‘herida’ en este texto.
4 Sal 65,4.
5 Esta parte entre paréntesis me fue dicha como quien desea confiar algo a su amigo, como diciendo: “Por cierto…”
6 Jr 1,5.
7 Ciertos miembros de la jerarquía ortodoxa.