Retiro de Egina 2022

Dios nos recuerda una y otra vez la importancia del don del amor. Aceptar y poner a Dios en nuestras vidas es poner amor en nuestros corazones. Reconocer a Dios en nuestro corazón es obtener paz en nuestra alma. Dios no se revela a los que buscan el conocimiento sólo sobre las cosas terrenales; esto no es conocimiento en absoluto, dice Él. El verdadero conocimiento es conocer a Dios y comprender a Dios, y esto no puede aprenderse simplemente con nuestro intelecto.

Esto es lo que dice:«Déjame libre de destruir todas las impurezas e imperfecciones que se Me enfrentan; no entendiste que, para prepararte a esa unión perfecta, Yo necesitaba purificar y adornar tu alma. Permite que Mi Espíritu aumente en ti y que Mi Fuego Divino ruja en tu alma. Te fundirás bajo la acción de Mi Fuego Divino… cada pequeña impureza será asediada por Mi Pureza y aniquilada, y Mi Luz continuará brillando dentro de ti y Mi Espíritu fluirá en tu espíritu como un río… » 20.1.92

«No os aventuréis a decir: ‘Todavía tengo tiempo de hacer progresos’, ¡venid ahora y arrepentíos! El fruto del arrepentimiento es el Amor .» 12.04.95

Aquí Nuestro Señor hablaba de impurezas e imperfecciones, ya esas dos cosas son grandes obstáculos para que la Sabiduría amorosa fluya dentro de nosotros como un río. Pero el alma, por lo general, no es apta para recibir al Espíritu Santo. Por eso Dios dice en Su mensaje que para prepararnos para una unión perfecta que Lo glorificará, necesitará destrozar todas nuestras imperfecciones e impurezas. Durante este acto, el alma tendrá que pasar por el fuego y por terribles efectos dolorosos. Esto se llama purificación, y una purificación es realmente necesaria para que un alma pueda recibir lo Divino. Es por eso que uno tiene que arrepentirse. El Espíritu Santo nunca se abrirá camino en un alma taimada, ni permanecerá en un cuerpo que está en deuda con el pecado. Por el contrario, el arrepentimiento permite que el Espíritu Santo se derrame en ti y se convierta en la Lámpara de tu cuerpo. Lo explica en este mensaje donde dice:

«Se os ha enseñado que la lámpara de vuestro cuerpo es vuestro ojo, y así es, porque un ojo enfermo no tiene visión y sólo tiene oscuridad, mientras que un ojo sano ilumina la vista. Yo soy esa lámpara, y quienquiera que Me tenga en su interior, buscará las virtudes verdaderas y no los vicios. Yo soy la verdadera lámpara de tu cuerpo, que llena tu cuerpo entero de los tesoros y esplendores de Nuestro Reino. Esos tesoros y esplendores son las virtudes. Donde hay Luz, hay virtud. Donde hay Oscuridad, hay vicio. » 22.06.98

En el cielo nos pedirá: “Muéstrame tus manos… Después, mira las Mías… Ven a hacer tu peregrinación en Mis Manos. Mis Manos han hecho muchas obras buenas que no están registradas en El Libro. Nunca se ha sabido que un Rey haya servido a sus subordinados como Yo, que soy el Rey de reyes, os he servido. “Mi estado era divino, pero no Me aferré a Mi igualdad con Dios, sino que Me vacié de Mí Mismo para asumir la condición de esclavo”. Yo conoceré a los Míos de esta manera, cuando se vacíen de sí mismos y sigan Mi divina Voluntad.” (01.28.97)

Y, sin embargo, todavía hay un don importante que debemos obtener en nuestra vida espiritual, y es obtener el tesoro del Conocimiento y el Entendimiento de Dios. No conocer y entender a Dios es un pecado. Este tesoro divino del conocimiento de Dios se obtiene por gracia a través de una santa contemplación. Dios dice que la verdadera teología es la contemplación a Él. Todos sabemos lo importante que es hacer la Voluntad de Dios. Pero, ¿cómo vamos a hacer la Voluntad de Dios si no conocemos y entendemos a Dios? Por lo tanto, es solo a través de la Luz del Espíritu Santo que uno puede conocer a Dios y entender a Dios, lo que lo glorificará inmensamente.

Este es un mensaje del Espíritu Santo explicándolo: «Estoy tratando de atraeros a todos a una unión filial de Amor divino con el Padre y el Hijo y Conmigo mismo, de manera que os mováis en Nosotros y Nosotros nos movamos en vosotros. Es verdad que sin Mí vuestro cuerpo está muerto, pero conmigo vuestro cuerpo vive, y en Mí y por Mí seréis contados como un hijo de Dios. Ésta es la razón por la que debéis permitirme reinar en vuestros corazones y haceros hijos e hijas del Altísimo.

La Escritura dice: “Dichosos los puros de corazón, porque ellos verán a Dios”. Para ver a Dios y reconocerle como vuestro Padre, tenéis que nacer de Mí, el Espíritu Santo, por la gracia. ¿De qué otra manera ibais a ver a Dios? ¿Acaso un niño, antes de nacer, ha visto a su padre? Sólo cuando nazca verá a su padre. Y así ocurre con vuestro nacimiento espiritual de Mí. La carne es carne y tiene la visión de la carne. Pero al que nace del Espíritu, se le da una visión de Dios que le permite poseerlo, reconocerlo y penetrar en sus profundidades. » (07.06.98)

Este mensaje nos recuerda que tenemos que renacer para ver a Dios. En otras palabras, es necesario tener un corazón puro. Un corazón se llama puro cuando no encuentra en sí mismo ningún pensamiento mundano, sino que se adhiere totalmente a Dios y está tan unido a Él que ya no recuerda nada mundano, ni triste ni alegre, sino que permanece en contemplación, elevándose hasta el tercer cielo, entra en el paraíso y ve las bendiciones prometidas a los santos como su herencia; y luego, en consecuencia, refleja la bendición eterna, en la medida de lo posible, para la debilidad humana. Como has escuchado antes, el Espíritu Santo es como una lámpara que brilla dentro de nosotros. El Espíritu Santo es la Fuente de la Vida. (Dar el ejemplo del pez).

El Espíritu Santo nos explica más: «Es de Mí de quien respiras, bañada en Mi Luz. Es en Mí en quien te mueves y eres, no cesando nunca de ser. Porque Mi Majestad transciende tierra y cielo y todo lo que contienen. Entonces, de Mi Boca, llena de gracia, fluyen la riqueza y el honor, enriqueciendo a todos los que Me aman. Enriqueciéndoles para conocernos como Trino y sin embargo Uno en la unidad de esencia. Instruyéndoles con ternura acerca de las realidades celestiales, levantando su espíritu para que gire sólo en torno a realidades celestiales. De mí respiráis, bañados en mi Luz; Es en Mí donde os movéis y no dejáis de ser; porque Mi Majestad trasciende la tierra y el cielo y todo lo que hay en ellos. Entonces, de Mi Boca, llena de gracia, fluyen riquezas y honores, enriqueciendo a todos los que Me aman. enriqueciéndolos para que nos conozcan como Trinos, pero Uno en la unidad de esencia; enseñándoles con ternura las realidades celestiales, elevando su espíritu para que gire solo en torno a las realidades celestiales; » (22.06.98)

Glorificamos a Dios cuando, por amor a Él, nos entregamos totalmente a Él. Pero la forma más suprema de glorificar a Dios es: el amor sacrificial. El 29 de noviembre de 1987, Cristo me llamó y me dijo:

«Vassula, ¿estás dispuesta a sacrificarte ahora más por Mí?

Señor, puedes utilizarme como Te plazca. Me he entregado a Ti. Me estoy entregando cada día.

Permanece en Mí, permanece en Mi Amor. Hija Mía, tus pruebas serán numerosas[1]. ¿Querrás sacrificarte todavía más por Mí, tu Dios?[2]

Dios mío, toma mi vida en Tus manos y haz lo que quiera Tu Corazón.

Esposa Mía queridísima, entonces, mira Mi Cruz.

(Miré, y vi a Jesús con un una gigantesca Cruz de madera oscura.)

Yo fui clavado en Ella, glorificando a Mi Padre. ¿Ves lo que te espera? Yo, el Señor, la compartiré contigo. Entonces soportarás todos los sufrimientos de que sea capaz tu alma. Yo aumentaré tu resistencia, pequeña.

Padre, haz conmigo lo que Tu Amadísimo Corazón quiera, todo lo que Te dé a Ti mayor gloria. Todo lo que viene de Ti me parece bien.

Obedéceme y agrádame. La obediencia deja al demonio impotente y le hace huir.» (29.11.87)

1 Dios me estaba advirtiendo.

2 Después de la advertencia, Dios, aceptando mi libertad, me lo pide de nuevo.

«¡Oh Vassula, tráeme de vuelta a Mi creación! ¡Altar! Derramaré en tu interior Mi Llama, inflamándote de Amor. Tienes que buscar Mis intereses, glorificándome. No seas como los otros que buscan su propia gloria y grandezas.

Señor, he dicho, y lo repito, que sólo buscaré Tus intereses y lo que Te dé a Ti mayor gloria. Toma mi voluntad, me he entregado.

Sí, Vassula, apaga Mi sed. Trátame como a un Rey, hónrame a Mí, tu Dios, nunca te rebeles contra Mí. Santifica tu cuerpo para honrar Mi Presencia en ti…» (19.12.87)

Entonces, unámonos todos y digamos:

«El Dios de los dioses
me está hablando.
¿Cómo puedo permanecer en silencio?
¿Qué no mostrará entonces a los rectos?
Tú has hecho maravillas
para con los muertos.
“¿Quién en los cielos
puede compararse a Él
?
¿Quién entre los hijos de Dios
puede rivalizar con Él
?” (20.05.93)

Y Cristo te responderá como respondió en Sus mensajes:

«Ahora, sé como una lámpara y brilla, glorificándome. ¡Levántate y defiende Mi causa! Ah, (…) te diré todo lo que debes hacer y lo harás con mucho ánimo. Nadie te va a engullir y sabrán que Yo Soy camina contigo. Mi Cruz te conducirá a la santidad. Habla sin temor. Todo lo que te daré vendrá de la Sabiduría, por tanto, sé diligente y sírveme ahora, pequeña Mía, siempre tan preciosa para Mí… Mora en Mí y no temas. Yo, Yo no te abandonaré jamás. Predica de la manera en que Yo te he predicado a ti. Levanta del modo en que Yo te he levantado y haz discípulos de la Verdad… Ecclesia revivirá. Paz. Ora y alábame. ¿Nosotros? » 20.5.93