Retiro de Egina de 2022



El tema de hoy es: ¿cómo se glorifica a Dios? Dios nos enseña cómo glorificarlo en los mensajes de la VVeD. Para glorificar a Dios, ante todo, hay que morir a uno mismo: morir a nuestras pasiones, morir a nuestra voluntad, a nuestro ego. Debemos inclinar nuestra cabeza para que se vea Su Cabeza; bajar nuestra voz para que escuchemos Su Voz, y abajarnos por completo para que Él pueda levantarnos.

A cada uno de nosotros en esta tierra se nos ha dado una misión, dice el Señor. Nuestra misión principal es amar a Dios, servirle y amarnos unos a otros, haciendo el bien por el resto de nuestras vidas, lo que glorificará a Dios. A Dios no le preocupa nuestra debilidad, en realidad, Él puede hacer grandes cosas en nuestra debilidad, porque a través de nuestra debilidad Él practica Su poder y Su fuerza, y donde tengamos faltas, Él llenará el vacío. Lo que necesita es un corazón puro que le dé Gloria a Él; es por eso que tenemos que morir a nuestro ego. Esto es lo que dice:

«En tu debilidad heredas Mi fuerza; en tu sumisión heredas Mi Voluntad. Borrando totalmente tu Imagen te conviertes en heredero de Mi Imagen. En tu pobreza, heredas lo que los sabios están buscando, pero nunca puedes heredarlo: heredas Mi Sabiduría».

– Mi gozo está en cada corazón puro;

– Mi alegría es ver que vuestros ojos buscan sólo las cosas celestiales;

Mi gloria es que vengáis a Mí y Me digáis: “Aquí estoy… aquí estoy”, ofreciéndome vuestro corazón para transfigurarlo en Mi dominio y luego reinar sobre él;

– Mi magnificencia y Mi esplendor es que conservéis santo Mi santuario, convirtiéndolo en un glorioso dominio para Mi Majestad;

Mi Soberanía está en que, en medio de vuestra miseria y vuestra pobreza, podáis exclamar: “¡Hosanna! ¡Hosanna al Rey que nos ha salvado para la eternidad!” Esa es mi Gloria…» (Mensaje de la VVeD, 10.6.94)

Por lo tanto, Dios invita a todos a ser perfectos y ser uno con Él. Invita a todos a ser divinizados en una unión divina, para que Su Reino en la tierra sea idéntico al Reino en los cielos. A través de esta unión divina, que glorificará a Dios, Él nos dice que nuestros pensamientos ya no serán habituales a nosotros, sino que nuestros pensamientos serán de acuerdo con Sus pensamientos. Nuestra habla ya no será como solía, sino que será como Dios habla; y ya no veremos las cosas como nuestros ojos estaban acostumbrados a verlas, sino que serán como Dios las ve; y nuestros actos ya no serán los mismos de antes, sino que serán de la forma como actúa Dios, porque serán divinos y Lo glorificarán.

Dios invita a todos a caminar con Él. Caminar con Dios es gobernar con Dios, aún mientras uno está aquí en la tierra. En otras palabras, significa que uno está bajo la divina Voluntad de Dios. Dios dice que nunca deja de darse a todos nosotros. En estos tiempos excepcionales de Misericordia, Él está derramando su Espíritu Santo prodigiosamente para elevar nuestra alma y transformarla para que se convierta en un mismo espíritu con lo Divino.

En un mensaje, el Señor nos explica lo siguiente: «Como un verdadero hijo e hija de Dios, te convertirás, en ese elevado estado de gracia, en una imagen perfecta del Dios Trino y Uno, y todas tus empresas se llevarán a cabo sin defecto alguno, puesto que serán divinas y según Nuestra Mente y Nuestra Voluntad. Incluso, Vassula Mía, tus movimientos se cambiarán por los Nuestros. Cada gesto, cada paso que des en tu vida serán realizados por Nuestro Amor y se seguirán amplificando por la gracia. Como hija, verdadera hija del Altísimo, tu espíritu estará sumergido en Nuestra Divinidad. Soy Yo, dulce hija Mía, quien te atrajo a este amor filial y a esta unión Divina, expandiendo tu corazón para que recibieras más de Nosotros, a fin de que Nosotros recibiéramos más de ti; para darnos más a ti, a fin de que tú te dieras más a Nosotros. En este ciclo, tú Nos darás todo lo que ya Nos pertenece. Este es Mi triunfo en ti…» (Mensaje de la VVeD, 09.03.1999)

Quiero decirte que rendirse a Dios es lo mejor que uno puede hacer para poder elevarse en Dios y glorificarlo. Si uno se rinde a Dios, entonces Dios puede cumplir Su propósito en ti; de lo contrario, ¿de qué otra manera lo haría si no tiene tu fiat completo? Dios dice que puede transformarnos para convertirnos en dioses por participación, lo que significa ser un hijo de Dios.

Esto es lo que Él dice:

«al ser Nuestra progenie, tuvieses también el derecho, como cualquier hijo, de compartir y dar tu opinión. Incluso el derecho de gobernar con Tu Padre. Con el sosiego de Mi Aliento en ti, verás las cosas a través de Nuestra Luz y del modo como Nosotros las vemos. (Mensaje de la VVeD, 09.03.1999)

¿Ves? Esto lo dice todo. Dios nos ha elegido; no fuimos nosotros los que lo elegimos a Él. Él comisiona a cualquiera que esté dispuesto a salir y dar frutos que perduren. Y, hablando de frutos, esto es lo que Él dice:

«Dime, ¿para qué sirve un árbol frutal que nunca produce frutos? O, para qué sirve un arpa sin sus cuerdas? En otras palabras, ¿de qué Me sirven tus alabanzas cuando las dices sin amor? O, ¿de qué sirven tus sacrificios si se ofrecen sin amor? Tu meta por tanto, debería ser el amor, porque al final serás juzgado por el amor y no por tu elocuencia, o por tus conocimientos, o por ninguno de tus sacrificios, o por los dones que Yo, en Mi benevolencia, te he ofrecido. Serás juzgado por la medida de tu amor. (25.02.1998)

Entonces, hablando de amor, esa es la clave para glorificar a Dios. Déjame decirte: «El alma», dice el Señor, «no puede vivir sin Dios, sino que de Dios recibe la vida.«. Sabemos en parte que el Espíritu Santo es vida eterna y que el alma vive en el amor de Dios, en la humildad y mansedumbre del Espíritu Santo. El alma es como una novia, y el Señor es su Esposo, ambos se aman y se anhelan mutuamente. El Señor, lleno de Amor, anhela estar con el alma y se aflige si no hay lugar en ella para el Espíritu Santo. Mientras que el alma, habiendo llegado a conocer a Dios, lo anhela, porque en Dios está su vida y su alegría. El Señor en nuestros días nos dice cuán ansioso está el Espíritu Santo también para hacernos entender que Él también es nuestro Esposo y que nosotros somos Sus prometidos.

Este acto de amor glorifica a Dios, porque el don del amor, cuanto mayor es, más completo es tu conocimiento de Dios. Cuanto más ardiente es tu amor por Dios, más ardientes son tus oraciones. Cuanto más perfecto sea tu amor, más santa será tu vida. El amor se deleita en la Verdad.

Entonces, en conclusión, nuestras vidas deben girar solo alrededor de Dios, y alrededor del Amor Divino, que lo glorificará, porque el amor une el alma con Dios y cuanto más poderoso se vuelve el amor, más profundamente penetra el alma en Dios…