2 de noviembre de 1997

(Domingo)

(Mientras yo estaba en la Iglesia Ortodoxa Griega, asistiendo a Misa, de repente me asaltó un temor y pensé que quizá no estaba bien dispuesta para recibir a Nuestro Buen Señor en la Sagrada Comunión, y que, si ese era el caso, podría acarrear sobre mí el juicio airado de Dios.

Mientras estos pensamientos cruzaban mi mente de un lado a otro, experimenté súbitamente en mi corazón un gozo y un deleite que, aunque primero surgieran en mi corazón, parecían extenderse hasta mis mismos huesos, como un líquido caliente y apaciguador. Mientras experimentaba esta consolación, mi alma se transformaba, saliendo de ese temor y tristeza para entrar en el gozo y luz. Con este gozo, mi alma alabó al Señor y Le canté en silencio. Reviví.

Luego, de improviso, vi a nuestro Señor abriendo Su Boca para decirme algo. No podía evitar darme cuenta de lo alegre que estaba, y con qué gozo me decía…)

Ven a Mí …

(…mientras abría al mismo tiempo Su manto azul-verdoso. Este gesto Suyo me atrajo como el hierro es atraído y arrastrado hacia un imán. Del mismo modo mi alma fue irresistiblemente atraída hacia Su Corazón. Y me encontré con la cabeza reclinada sobre Su Pecho. Luego, con muchísima ternura, el Amante de la humanidad me dijo:

¡Ah, qué extremadamente miserable puedes llegar a ser!

(…Yo pensaba, “¿Puede alguien estrechar fuego entre sus brazos sin que su pecho arda?” Heme aquí, abrazando al Sagrado Corazón, ¿cómo es posible que mi corazón no se incendie con el fuego del amor?

Mientras recostaba mi cabeza sobre Su Divino Corazón y mientras seguía reclinada sobre Su Pecho, sentí que Su Pecho se desvanecía y que mi cabeza era absorbida en Su Cuerpo. Mi cabeza Lo atravesó y penetró en Su Sagrado Corazón, y me encontré con mi cabeza contenida en Su Corazón, reposando de este modo en el Hijo, que es Quien está más cerca del Corazón del Padre…)

Este Corazón es tu lugar de reposo. Vaso-de-Mi-Luz, este Corazón es el Único, el Primero y el Último lugar en el que vuestras almas atormentadas encontrarán una dulzura y una paz perdurables y afectuosas.

(…Mientras mi Bienamado me decía estas dulces palabras, me rodeó con Sus Brazos, estrechándome aún más contra Su Pecho y, como quien desea proteger a alguien del frío, me ocultó completamente en Su Manto. La forma de sostenerme era como la de quien teme perder al que sostiene. Mientras vivía esta experiencia en la iglesia, me preguntaba si debía ponerla por escrito o no, y Él me dijo:)

Escríbelo para beneficio de las almas, y cuando lo estés escribiendo, Yo Me uniré también para escribir Mi parte.

(…El Corazón de Jesús absorbió entonces enteramente mi cabeza. Era como una puerta al Cielo y durante esos deliciosos momentos, mientras mi alma gozaba de esta dulzura y de esta ternura inefables, en este reposo celestial, mi cabeza era constantemente cubierta de caricias…)

Yo he prodigado Mis favores a tu alma. Ahora te pido que permanezcas en Mi Corazón de este modo. Permanece Conmigo, amadísima Mía.

(…Luego, mientras mi alma se sentía embriagada, como de vino, el Señor me hizo saborear en Su Corazón Su propia dulzura, recordándome el dulce sabor de nuestra Santa Comunión1 y al mismo tiempo mi cabeza se cubrió de una dulce fragancia, nuevamente, como la de la Santa Comunión.

Después, mientras estaba aún en ese reposo, percibí que mi entorno se llenaba de humo, el dulce humo del incienso quemado. En este sosegado ambiente, continué escuchando a mi Señor y mi Bienamado repetir estas palabras:)

Permanece aquí, permanece en Mí, luego adelántate para recibirme. Deléitame y permanece aquí dentro.

(…Yo suspiré y me pregunté qué podría deleitar tanto a Nuestro Señor en una criatura como yo, el cero de los ceros. Él, el Ser Perfecto, Él, que se basta a Sí Mismo, ¿cómo era posible imaginarse siquiera que Él me hubiera mirado dos veces…?)

Tu total miseria conmueve Mi Corazón y todo Mi Ser hasta tal punto que Mis Ojos se llenan de lágrimas de Misericordia cada vez que te miro.

(…Yo estaba a punto de decir algo.)

No, no hables. Absorbe Mi Paz y sacia tu corazón en este silencio, goza de estos momentos de gracia y absorbe la dulzura que tu Señor te está ofreciendo. Renueva tu corazón, amada Mía, y permanece en Mi abrazo y déjate amar. No permitas que tu mente se disperse por el mundo, puesto que del mundo no recibirás nada. Ven a Mí y saborea el dulce amor que tengo y siempre he tenido por ti2. Di más bien: una inefable debilidad por ti. Queridísima gema en Mi Mano, la unción de Mi Amor por ti es tan grande que, en esos inflamados momentos de amor, Mis Divinos Ojos no pueden hacer otra cosa que estar fijos en ti. Piensa a fondo acerca de esto, hasta que Yo venga a buscarte.

No encuentro placer en ninguna otra parte como en estos momentos en que estoy contigo y eres como un libro abierto para Mí, para escribir en ti Mi Nuevo Himno de Amor. Estate siempre disponible para Mí, y bien dispuesta, y de esta manera te salvarás tú y salvarás a los que te escuchen. Te formé para hacerte Mi alumna.

¡Señor!
Cuando pienso en ello,
Tú me has formado de un modo asombroso.
¡Me has formado en el silencio,
por medio de Tu Espíritu Santo,
infundiendo en mí esas divinas revelaciones
que vienen de Tu Sagrado Corazón!
¡No ha sido como cuando formaste, de viva voz,
a Tus discípulos!

¡Sí! Yo quise que te volvieras a Mí de todo corazón para que Yo pudiese atraer tu corazón hacia Mi Amor y Mi Fortaleza. Quise preparar tu alma para que llevaras Mi Mensaje Divino. Ah, Vassula, todo lo que te digo ahora, lo volverás a oír cuando Me aparezca a ti abiertamente, cuando llegue el momento. Ahora Mi Alma se alegra mirando Mi jardín3 y Yo disfruto respirando en ti. Cada paso que Me permitas dar en Mi jardín será hecho con delicadeza y será consolador para ti.

Cuando Tu Divina Mirada
se volvió hacia la tierra
para arrebatar mi corazón,
¿cómo es posible que no huyeras,
sólo con mirarme,
sino que, por el contrario,
Te diera tanta alegría mi indignidad,
atrayéndote hacia mí?

Se Me conoce por llamar a los más humildes de Mi creación. Entonces, te miré y te amé…4 Te dije al principio que, si Me dejabas formarte, te conduciría con ligaduras de amor por Mi gracia, imprimiendo en tu alma Mi Divina Imagen, y con este Sello Divino que es la impronta de la Santísima Trinidad, serías atraída a la plenitud de Nuestra Divinidad, perfeccionando así tu íntima unión con Nosotros en Nuestro Divino Amor.

Queridísima, Me propongo seguir aun susurrando a tu oído Mis revelaciones secretas, y mientras esté derramando abundantemente Mis dones y Mis favores sobre ti, por Mi beneplácito, continuaré recordándote que el haber introducido tu corazón tan inseparablemente en el Mío fue para que, debido a este gesto cortés por Mi parte, nuestra unión fuera completa y que tu espíritu, mediante Mi gracia, se hiciera uno Conmigo5.

Te di una oración6 con la que te consagrabas, cuerpo y alma, a Mi Sagrado Corazón, de modo que tus pensamientos fueran Mis pensamientos, tus actos Mis actos, entregándome voluntariamente tu voluntad de modo que Mi Voluntad se hiciera en ti.

Te recuerdo que, al recostar tu cabeza sobre Mi Corazón, en esos momentos de gozo interior, Yo sería el movimiento de tu corazón, la elocuencia y el encanto de tu palabra. Yo sería la luz de tus ojos para que dieras buenos consejos a los que los necesitaran. Cada uno de tus movimientos, cada gesto vendría de Mí. Escucharías todos Mis suspiros, comprendiendo7 su significado de modo que actuaras de acuerdo con Mi Divina Voluntad. Por gracia, inhalarás Mi dulzura como lo hiciste cuando tu cabeza descansaba sobre Mi Corazón, probando Sus dulces sabores8.

¿Recuerdas cómo te instruyó Mi Padre?9 Te dijo que, si Le permitías estrechar los lazos de unión con Él, tu alma estaría entonces tan unida a Él, y tu espíritu tan englobado en el Mío, que todo lo que hicieras sería conforme a Mi Pensamiento. Tus obras estarían enraizadas en Nuestra Bondad, y tu comportamiento en Nuestro Espíritu. Luego Mi Padre te dio un ejemplo de cómo funcionan los miembros de tu cuerpo: “Tú no necesitas decirle a tu mano lo que tiene que hacer, sino que ella actúa según tu voluntad”. Éste será el modo en el que Nosotros te estaremos guiando.

Señor, perdona mi falta de confianza en Ti y en todas estas abundantes gracias que me has dado gratuitamente, en mi total indignidad. He estado ocultando Tus gracias. He pecado por miedo a lo que pensarían los demás.

El mundo tratará siempre de engañarte y de herir a la que Me es tan preciada. Y cuando tú escuchas al mundo, que aparta tu mente de la contemplación, eso ya hiere Mi Corazón10. Por gracia te he introducido en Mi Sagrado Corazón para que seas sólo Mía, y por gracia pienso guardarte en ese reposo. Cuando este mundo frío te asalte con sus tentaciones y trate de desfigurar tu alma para que te asemejes a ellos, corre hacia Mí y refúgiate en Mi Corazón. Ten confianza en Mí y confíame todos tus problemas. Yo sólo estoy esperando ser benevolente contigo, Mi elegida.

El mundo tratará siempre de arrastrarte nuevamente a sus entrañas, un valle oscuro en el que sólo hay desolación. Pero Yo te he elegido entre miles, así pues, ¿por qué Me entristeces con tu falta de confianza? Mi unión contigo en la Luz de Mi Divinidad es tan completa que ya no debes perder confianza, sino que debes colocar tu cabeza sobre Mi Corazón, y no seguir dudando de nuestra bendita unión. Ven y dime ahora:

“Jesús Mío, Divina Misericordia,
Me ha faltado confianza en Ti
y así he causado aflicción a Tu Corazón.
Ahora Te ruego,
en mi desnudez, y con total humildad,
que me perdones, para que puedas,
por Tu Misericordia y Bondad infinitas,
restaurar mi alma desfigurada y herida;
desfigurada y herida
por los actos del mundo contra mí,
y por sus palabras11.”

He recibido tu oración con gozo.

Yo supliré tus deficiencias para glorificar Mi Nombre tres veces Santo. En adelante, no Me hagas caer nunca más en cualquier aflicción o dolor que cause a todos Mis santos y ángeles una inmensa angustia, por ser incapaces de aliviar Mi dolor. Si el mundo persiste aún en cuestionar Mi elección, que sus pecados recaigan sobre sus propias cabezas. Será con justicia como intervendré. Si tratan a Mi elegida como les place, a aquella a quien Mi Sagrado Corazón mira con particular afecto, Yo los reprenderé poderosamente12. Pero si tú hicieses reparaciones por ellos, entonces, en Mi Infinita Misericordia, les obligaré a ver su pecado.

Por Mi Amor, como te he dicho al principio, te he ligado a Mí de tal manera que te sería difícil aflojar estos lazos13. He llevado a cabo este acto, después de que tú Me dieras tu “fiat”, por puro amor. Mi amor celoso no soportaría jamás que nos separaran, ni que se rompiera nuestra unión.

En un momento de deleite embriagador, te he dado una gracia adicional: una unión matrimonial, atrayéndote así aún más profundamente al reposo de una dulce contemplación en Mi Divino Corazón. En esta deliciosa unión entre tú y la Santísima Trinidad, te convertirás en Nuestra Arpa, y te utilizaremos con gozo, obteniendo de ti grandes triunfos. Entonces tú, a tu vez, gozarás compartiendo con Nosotros Nuestros Atrios. Por Nuestra Divina Gracia, llegarás a ser Nuestra Letanía14. Lirio de Mi Corazón, se te ha mostrado Infinita Ternura para que otros aprendan de ti y obtengan la misma cantidad que tú has obtenido. Lirio de Mi Corazón, Nuestra cercanía a ti es tu bienaventuranza.

Mi Divina Voluntad, enraizada en ti, es el don más grande que puedo ofrecerte a cambio de la tuya. Con Mi Divina Voluntad en ti Yo podré suplir todas tus deficiencias y tus insuficiencias. Las palabras que pronuncies serán las Mías porque Yo seré tu vestidura y tú tendrás Mi Mente. Aunque a ti se te critique frecuentemente por tu severidad, en realidad tu severidad no es tuya, sino Mía. Los que te censuraban por esto, no han renunciado completamente a su pecado… Siguen olvidando que un alma, una vez unida a Dios, se convierte en un solo espíritu y una sola mente con Él. Por el Amor que te tengo, te he concedido todos estos dones para que lleves a cabo tu misión, pero, también, para la restauración de Mi Casa.

¡Ah, Vassula! Algunos preguntarán: “¿Por qué está el Señor insistiendo tanto en Su unión, Sus dones y Sus gracias? Si te estoy recordando todas estas cosas, se debe a que el mundo seguirá tratando de obligar a Mi elegida a dudar de los dones que Yo le he concedido. Vassula Mía, te previne, en los primeros días de tu misión, de que tus actos de amor serían malinterpretados, que te acosarían como presa de caza y que sufrirías adversidades, pero, también, que Mi protección paternal te cubriría siempre, y que Yo acudiría a tu rescate para consolarte y sacarte de los colmillos del maligno. Te dije que con frecuencia escupirían sobre Mis regios Mensajes, que serían rechazados y ridiculizados, pero también, que Yo estaría siempre a tu lado para alentarte. Sigues viviendo en la tierra, pero Yo estoy habitando muy dentro de ti. Por tanto, no tengas miedo. Mientras estés en la tierra, el mundo, en su oscuridad, intentará hacerte daño e injuriarte.

No trato de decirte que te apartes de tus amigos, pero recuerda, no te confíes a la gente15. Algunos, querrán forzarte la mano para que hagas lo que es contrario a tus deseos, que sería también contrario a los Míos.

Otros insinuarán que los honorables dones que te concedo, lo mismo que Mis favores, no son divinos y que no vienen de Mí. A éstos tengo algo que decirles: “Si decís que no son de origen divino, entonces sólo podrían provenir, de acuerdo con vuestras insinuaciones, del padre de la mentira o del subconsciente. ¿No se os ha ocurrido nunca pensar que, juzgando Mi Obra como maligna, estáis pecando contra el Espíritu Santo y que este pecado no se perdona? Si decís que toda esta Obra divina procede del subconsciente, explicadme entonces la maestría y el saber de estos escritos, viniendo de alguien que no tenía conocimiento de las Obras de la Sabiduría, ni siquiera formación en un catecismo elemental”.

Hasta ahora16 les he dado pruebas suficientes y ya no daré más pruebas que las que ya he dado. Por otro lado, estarán los que, a pesar de haberte pedido consejo, lo ignorarán, porque su alma estará aún afanándose por sus deseos personales y se someterán a su voluntad humana y no a la Mía.

Te dije que, mientras recostaras tu cabeza en Mi Corazón, en esos momentos de descanso, leerías los latidos de Mi Corazón, de manera que, a tu vez, podrías dar buen consejo a aquellos que lo necesitaran. No obstante, de nuevo, el mundo, dominado aún por sus malvados pensamientos, subestimará Mis tesoros derramados en ti, bajo pretexto de que no estás confirmada17

Vence ahora tu falta de confianza en los dones y favores que Yo tan generosamente te he otorgado y, con todo tu corazón, repite la oración que te he dado…

(Lo hice.)

No te preocupes más, Yo continuaré ocupándome de tus diversas necesidades.

He orado, Señor, pero ¿cómo puedo estar segura de que no Te fallaré de nuevo?

Yo estoy aquí para recordártelo. Siempre acudiré a traerte de vuelta de cualquier senda peligrosa que estuvieras tentada de tomar. Seguiré prodigándote el cuidado más delicado que tengo para Mis elegidos. Ven, hoy deseo que te sientas feliz, porque puedo decir con toda verdad: Has hecho de Mi Palabra tu hogar y te has convertido en Mi alumna y, por supuesto, en Mía.

Dios mío,
has seducido mi alma indigna
para que Te siga,
y me has otorgado valiosas riquezas,
inmerecidamente.
Y, con un Amor ilimitado,
has elevado mi alma.

He elevado tu alma para beneficio de Mi Iglesia también.

Vassiliki, te he dado Mensajes de extrema gravedad. Durante todos estos años, he infundido en ti revelaciones Divinas que provienen todas de Mi Sagrado Corazón. Mi Espíritu ha sido y es tu Guía y tu Luz. He derramado verdaderamente en ti gracias divinas, para que también la gente pueda beneficiarse de ellas.

Todas Mis Obras son buenas, y son calurosamente acogidas por los puros de corazón y los humildes, pero la alabanza de Mis Obras es impropia en la boca de un pecador. Como dije, os he dado a todos vosotros bastantes pruebas de que este Tesoro Divino proviene del caudal de Mi Sagrado Corazón, a fin de que no dudéis.

Aparte, Vassula, de haberte dado señales externas de Mi Amor, te he suministrado Conocimiento e Instrucción, enriqueciéndote constantemente a ti y a otros a través de estos escritos. ¿Eres consciente, paloma Mía, de todas estas inspiraciones Divinas infundidas en ti por Mi Espíritu Santo?

(Suspiré y me sentí tan conmovida por la ternura de su Voz, que no encuentro palabras para describirla.)

Aquí estoy hoy contigo, para ayudarte a vencer todas tus debilidades. No podría resistir por más tiempo ver cómo ocultas, en tu modestia, los dones Divinos que te he otorgado.

Por Tu extrema Bondad,
Te has dignado darnos Maná suficiente
para gozo, hoy, de nuestra alma.

Es inmaterial,
pero una vez que el alma lo absorbe,
tiene hambre de más.
De modo que aquí estoy yo, aún imperfecta,
y deseando sólo reparar
por haber causado aflicción
a Tu Divino Corazón.

Que mis defectos y negligencias,
que Te han causado dolor,
se transformen en fervor, en confianza
y en un ramillete de mirra.

Preciosa, Yo no soy insensible a la dura tarea de amor que has emprendido en Mi Nombre, ni a las pruebas soportadas con paciencia por Mi Causa, paloma Mía. Tampoco soy insensible a tus ruegos de ahora, y estoy contento de que confíes en Mi Gracia.

Me hace feliz sufrir por Ti.
No te canses en el camino Conmigo.
Dame oportunidades, Señor mío,
para abrir mi boca
y glorificarte sin miedo y sin dudas.

Ésta es la razón por la que debes confiar en Mí y recargar tu espíritu de Mi Espíritu, para que puedas, así, seguir cantando y coreando Mi Himno de Amor a las naciones. Por eso te he invitado a hacer tu peregrinación y tu retiro en Mi Cuerpo, Mi leal ayudante. Disfruta de Mi gracia y goza de Mi compañía, con esa íntima luz de gracia que te ha dado Mi Padre, y acepta, paladeando, como haces, los dulces sabores de Mi Corazón.

(Mientras mi Señor me estaba diciendo estas palabras, sentí aún mi cabeza contenida en Su Corazón, saboreando e inhalando de nuevo una esencia que parecía la Santa Comunión.

De repente, fue como si Jesús apartara Su Santo Rostro y mirara al lector (el que está leyendo estas líneas). Su Rostro era solemne, Sus penetrantes Ojos estaban fijos en el lector. Entonces, mientras me abrazaba rodeándome con Sus Brazos, Su Manto me cubrió completamente, dando la impresión de alguien que protege a una víctima de toda posible agresión. Dijo:)

¡Ojalá el corazón del lector, que ha leído estas páginas, se abra! ¡Que se abran sus ojos y sus oídos! Hasta este momento, no has captado enteramente Mi Tesoro Celestial, ni apreciado completamente el don18 que os he dado. Todavía no has penetrado en lo que está fuera de cualquier precio y que Yo te he estado ofreciendo todos los días de tu vida: La tremenda gracia de conocerme en una unión íntima y de saborear interiormente, en la cámara nupcial de Mi Corazón, Mi dulzura y Mis besos Divinos. Dichosos aquellos que Me escuchan y obtienen esta gracia. Ay de aquellos que, en su desdichada condición y en su manchado pensamiento, se resisten a esta gracia. Llorarán un día en su miseria.

Es bueno realizar buenas obras por Mí, y practicar algunas devociones, así como hacer actos de amor, de agradecimiento y ofrecer actos de reparación. Pero estaría sumamente decepcionado de que murieras antes de haberme conocido19. Estaría muy afligido si te murieras ahora, antes de haberme comprendido20. Muchos de vosotros estáis ocupados con vuestros quehaceres diarios, que Me complacen si los hacéis con amor y de acuerdo con Mi Mente, pero todo esto estaría incompleto si no os abrís a la gracia y Me reconocéis en Mi intimidad. Así pues, venid y aceptad Mi familiar compañía y Yo, con Mi mayor agrado, os introduciré en los misterios y los ocultos secretos de Nuestro Corazón21. Tú y Nosotros llegaremos a estar inseparablemente unidos en Nuestro Amor por siempre jamás.

(Jesús, entonces, se volvió hacia mí y, con una seria mirada en sus Ojos, dijo:)

Ahora, como en los primeros tiempos, te he hablado con el Corazón, para recordarte, hijita Mía, Mi Infinito Amor, y especialmente para quitar esa semilla que el mundo ha sembrado en ti. No podía soportar por más tiempo ver a Mi adoptada, a Mi alegre mensajera, hecha pedazos por los recelos que el mundo trataba de meter en su cabeza22: Tu temor de que Yo hubiera introducido un pedazo de hielo en tu corazón en lugar de Mi Divina gracia, Vassula, Me empequeñece y no se funda en la Verdad… Las adversidades no te han hecho perder la Paz que Yo te he dado en tu corazón, y eso es bueno. Pero, en atención a Mí, paloma Mía, no vuelvas a dudar jamás de Mis gracias y del infinito Amor que siempre tengo por ti.

No pierdas tu confianza en Mí. ¿Por qué no puedes ver lo divinamente enamorado que estoy de ti, hasta la locura? Por tanto, te suplico que confíes en Mí. Mientras sigas aún en la tierra, permanece en Mí para perfeccionar tu unión conmigo y recibirme tan a menudo como te sea posible en la Santa Comunión, magnificando tu amor por Mí y abandonándote a Mí. Permanece en este Lugar de Descanso23 para siempre, permitiéndome conservarte en esta Hoguera de Amor, para hacerte saborear la dulzura de Mi Amor24.


1 La Sagrada Comunión ortodoxa.
2 Mientras Nuestro Señor y mi Divino Maestro me decía estas palabras, parecía como si estuviese goteando miel de Su Boca. Y comprendí que Él tuvo una especial debilidad por mí, desde el comienzo de mi vida.
3 Mi alma.
4 Las palabras de Su Boca fueron como la miel. Es Él, mi Amigo, cuya dulce conversación me ligó a Su Corazón.
5 1Co 6,17.
6 Consagración del 26 de enero de 1992.
7 Oí al mismo tiempo la palabra ‘descifrando’.
8 Mi visión en la Iglesia.
9 Mensaje del 16 de marzo de 1987.
10 Comprendí que ocultar las gracias de nuestro Señor e incluso no admitirlas del todo, bajo pretexto de mi indignidad, causa malestar y tristeza a Jesús.
11 (Dije esta oración). Me di cuenta de cómo el maligno trataba invariablemente de inculcarme, a través de la boca del mundo, que esta Obra de Dios, tan Divina, era menos importante de lo que realmente vale, es decir, subestimando su valor y tratando siempre de disminuir su importancia. Me hallaría en constante combate, tratando de apartar esas falsas acusaciones, y no aceptándolas jamás.
12 Entonces Él me miró.
13 Mensaje del 16 de marzo de 1987.
14 Porque mi vida se convertirá en una oración incesante.
15 Jn 2,24.
16 Nuestro Señor se volvió y me miró.
17 Se refiere a que la obra de la Verdadera Vida en Dios no está todavía aprobada por la Iglesia.
18 En el libro “Mi Ángel Daniel” (mensajes del 10 de enero de1987, 25 de enero de 1987 y 31 de enero de 1987), el Padre dice: “Yo te enviaré a toda la humanidad. Te daré a ellos como obsequio Mío, de este modo les capacitaré para que Me entiendan mejor, porque ésa es Mi Voluntad”.
19 Mt 7,21-23.
20 Jr 9,23.
21 La Santísima Trinidad.
22 Observaciones como: “Los mensajes de La Verdadera Vida en Dios son una cosa, pero la mensajera es otra cosa completamente distinta”, como si las dos cosas no fueran juntas. Jesús está en contra de esta teoría.
23 El Sagrado Corazón.
24 Sal 90,17.