28 de abril de 1993

¡Paz! Queridísima hija, ¡entérate de cómo Me complazco en tu pobreza! Pequeña, cae en Mis Brazos y permíteme llevarte en tu extrema debilidad. Yo soy tu Pastor, no temas. Recuerda que ésta no es tu Obra sino la Mía.

¿Acaso no iba Yo a protegerte, a proveerte y a guardarte? ¿A ti, a quien lanzo cada día al mundo, dejándote a su merced? Una nación tras otra escuchará Mi Voz.

Tú estás encerrada en Mi Corazón. Mi Corazón es tu única morada segura. Vassula-de-Mi-Pasión, trátame como a un Rey, Yo soy tu Rey y tu única Pasión. Trátame como a tu Compañero más fiel. Se me conoce por ser el Fidelísimo. Permíteme, queridísima alma, grabar Mis Palabras en ti: nunca se disiparán. Alma-de-Mi-Pasión, ámame, porque soy tan poco amado…

Señor, yo Te amo, y otros también Te aman.

Si Me amas permanece junto a Mí y consuélame… ¿Puedo sacrificarte más?

Sí, Señor, ¡haz lo que desees!

Di: “Sí, por el amor que tienes, Señor mío, por las almas”.

Di: “Sí, por la pasión que sientes, Señor mío, por los pecadores”.

Dime estas palabras. No Me prives de nada1 y Yo tampoco te privaré de Mi Presencia. Juntos, pues, Yo y tú, trabajaremos, amaremos, oraremos. Escúchame, no te quedes nada para ti, no te ocupes de nada más que de Mi Plan. Todo lo que hagas, que sea para salvar almas.

Yo, Jesús, te bendigo a ti y a tus compañeros. Glorificadme y levantad Conmigo Mi Iglesia. Reconstruid Mi Iglesia. Os amo a todos.


1 Creo que aquí Jesús se refiere a que Le había privado de utilizar mi oído durante un tiempo y, por supuesto, sentí menos Su Presencia.