
P. Jacek Norkowski
Soy médico de formación y el tema de la sanación interior me es muy cercano. Todo médico está formado para estimular el proceso de curación del paciente mediante un tratamiento adecuado. Luego de graduarme en la Universidad de Medicina, escuché la voz de mi vocación, y le pregunté a Dios por qué no podía ser médico. Más tarde me di cuenta de que Dios sí quería que yo siguiera siendo un «sanador», alguien que ayuda a los enfermos, pero a un nivel más profundo. Junto con mi hermano menor, Steve, que estudió conmigo y también entró en la Orden Dominicana, solíamos bromear diciendo que estábamos haciendo la especialización en la «Interna profunda».
¿Qué quiero decir al hacer una comparación entre un sacerdote y un médico? La respuesta es bastante sencilla. Un médico cura las enfermedades físicas, mientras que el sacerdote, especialmente como confesor y director espiritual, se encarga de las espirituales. Sabemos, por supuesto, que estas dos esferas se solapan, pero en general, se admite que haya una división entre las áreas de la medicina y la actividad pastoral. Ambas profesiones intentan ayudar a las personas que sufren. Además, ambas aparecen regularmente en las actividades de Jesús y normalmente acompañaban su predicación del Evangelio. Leyendo el Evangelio podemos notar que siempre hacía tres cosas, una tras otra: predicar, sanar a los enfermos y expulsar a los demonios. Su actividad prácticamente nunca se limitó a una sola de estas actividades: en su predicación del Reino de Dios utilizó normalmente las tres.
Lo que limitaba las actividades de Jesús era sólo la falta de fe de las personas que encontraba. El Evangelio nos muestra lo que tenemos que hacer cuando queremos predicar. Sin embargo, a veces el problema de la curación no se encuentra sólo a nivel individual. Puede ser necesaria una sanación en la relación de varias personas, empezando por las parejas casadas, los hermanos entre sí y los familiares. La sanación también puede ser necesaria para las relaciones entre familias enteras, sociedades o naciones. Podemos decir que necesitamos la sanación espiritual en todos los niveles de nuestra vida, tanto físicos como espirituales, individuales y comunitarios.
El Espíritu Santo en la Historia
Todo el mundo conoce los grupos de oración que componen el movimiento llamado «Renovación en el Espíritu Santo», esos grupos se pueden encontrar en todos los países cristianos. Yo pienso, sin embargo, que el Espíritu Santo no se limita sólo a este movimiento en particular. En realidad, Él es el Motor de toda la Iglesia, de las naciones y de la historia.
Polonia – 10 siglos de historia difícil
La experiencia histórica de Polonia es sin duda un buen ejemplo de ello. Nos convertimos en un estado cristiano en el año 966, con el bautismo del duque Mieszko I. Recibimos el bautismo directamente de Roma y nos convertimos en una nación independiente, cristiana y católica romana. Nuestra historia no fue fácil, especialmente por la invasión sueca en el siglo XVII y la destrucción del estado hacia finales del siglo XVIII, cuando Polonia fue repartida entre Rusia, Prusia y Austria.
No obstante, tras la Primera Guerra Mundial, Polonia volvió a independizarse. Sin embargo, su relación con los países y naciones vecinas estaba muy tensa. Tras un breve periodo de veinte años, estalló la Segunda Guerra Mundial. Esta guerra fue trágica para Polonia. El país volvió a dividirse entre Alemania y la Unión Soviética, y las élites polacas fueron deliberadamente exterminadas por ambos ocupantes. Más de 6 millones de ciudadanos polacos fueron asesinados (unos 3 millones de ellos eran judíos étnicos) y el país quedó en gran medida devastado. El padre Maximilian Kolbe, que murió en Auschwitz, fue uno de los miles de sacerdotes y religiosos polacos que fueron exterminados tanto por los Estados alemanes como por los soviéticos. La Unión Soviética procedió a la invasión y ocupó la mitad oriental de Polonia durante la Segunda Guerra Mundial. Al principio de la guerra, en 1941, la policía secreta soviética asesinó a 22.000 oficiales polacos en las llamadas masacres de Katyn, al mismo tiempo que los soviéticos también deportaron a unos 2 millones de polacos a Siberia.
Tras la Segunda Guerra Mundial, Polonia se vio obligada a aceptar el cambio de fronteras acompañado de la pérdida de parte del territorio y la dominación política soviética. Esto significaba la pérdida de la verdadera independencia. De nuevo, los patriotas polacos fueron brutalmente perseguidos, miles de ellos torturados y asesinados. El Estado, como en la Unión Soviética, había comenzado lanzando una política de aparente tolerancia hacia la Iglesia, pero cuando el gobierno comunista se estabilizó continuaron con brutales persecuciones.
Bajo todas estas circunstancias extremadamente difíciles, la nación polaca fue capaz de continuar siendo católica y confiando en Dios. En este periodo, como durante toda la historia de Polonia, fue especialmente importante el culto a la Madre de Dios, en sus numerosos santuarios, regados por el país. El más famoso de ellos es el Santuario de la Madonna Negra de Częstochowa. María, la Madre de Dios, ayudó al primado Wyszyński a resistir las persecuciones, el encarcelamiento y el aislamiento total durante unos tres años.
Los comunistas tuvieron que remodelar la práctica política tras los disturbios en Poznań en 1957, y el primado Wyszyński se convirtió de repente en una persona muy bien recibida por el Primer Secretario Gomułka. Era la época de la llamada «pequeña estabilización». La Iglesia pudo funcionar con más facilidad, pero seguía estando bajo el fuerte control del Estado. Las actividades de la Iglesia se limitaban a la liturgia en las parroquias, ya que prácticamente todos los jardines de infancia, escuelas y hospitales fueron nacionalizados por el gobierno comunista.
Los líderes fuertes de la Iglesia
No obstante, durante este duro periodo, la Iglesia polaca contó con algunos buenos pastores y líderes laicos, muy creativos. Uno de esos jóvenes pastores especialmente talentosos fue el profesor de teología, sacerdote y más tarde arzobispo de Cracovia, Karol Wojtyła. Él y otros jóvenes pastores de esa época inventaron una forma de comportarse con los jóvenes, que puede llamarse «informal«. La formación incluía reuniones de oración, misas, adoración al Santísimo Sacramento, debates, pero también pasar tiempo juntos en un ambiente amistoso. De vez en cuando se organizaban excursiones, en que los grupos de los jóvenes, especialmente los estudiantes, pasaban juntos las vacaciones.
Ocurrió que yo experimenté este modo de vida de la juventud católica polaca en los años en que Karol Wojtyła aún estaba en Cracovia, y también su elección para la Santa Sede y los primeros años de su pontificado. Como mencioné antes, yo era estudiante de medicina, pero también era miembro del Centro Católico para Estudiantes. Recuerdo el día en que Karol Wojtyła fue elegido papa. Prácticamente nadie podía dormir en nuestro dormitorio. Estábamos seguros de que en nuestra situación algo cambiaría profundamente y que ese cambio finalmente nos daría la libertad.
Durante su primera peregrinación a Polonia, Juan Pablo II fue recibido con entusiasmo por toda la nación. En Varsovia, celebrando una misa al aire libre, dijo una oración, que fue una verdadera profecía para nosotros y realmente cambió la situación en nuestro país. Esta oración fue la siguiente: Niech zstąpi Duch Twój… (Que descienda el Espíritu…) Recuerdo que algo parecido a un pequeño terremoto atravesó el lugar. Tras esta visita del papa a Polonia en 1978, nos convertimos en una nación realmente libre a pesar de la misma situación política que seguía sugiriendo algo totalmente opuesto.
La caída del comunismo
En poco tiempo, el movimiento nacional Solidaridad explotó y desafió a todo el sistema político. Lo que nos movía a todos en ese periodo era el deseo de libertad y verdad, más que la esperanza de bienestar material. De alguna manera, Polonia inspiró a todas las naciones comunistas, incluidas las de la Unión Soviética. Poco a poco, todas estas personas descubrieron que también deseaban ser libres. Finalmente, el comunismo como sistema político e ideológico se derrumbó y terminó a principios de los años 90. Y según mi opinión, fue ante todo la obra del Espíritu Santo, su constante llamado a la verdad y a la libertad, que inspiró nuestros corazones.
Heridas
Sin embargo, nos quedaban muchas heridas todavía. Algunos estaban curados, pero desde luego no todos y no del todo. Hay nuevas heridas que están siendo causadas por un sentimiento de injusticia respecto a la forma cómo se transformó Polonia. Los poderosos postcomunistas o sus hijos vuelven a ser la fuerza dominante en economía y política, y la mayoría católica y patriótica sufre todas las dificultades de la nueva situación. Muchos del primer grupo, o las personas vinculadas a ellos, son millonarios y los demás tienen que emigrar del país debido al desempleo y a la sensación de falta de perspectiva en Polonia.
Sin embargo, el nivel más profundo de las heridas suele ser espiritual. Esto no es sólo a nivel político, sociológico ni psicológico. Las heridas más profundas son causadas por nuestra desconfianza hacia el Señor, como resultado de la falta de fe en las circunstancias de nuestras vidas. Tanto en el pasado como en la actualidad, muchos fueron tentados de construir sus vidas sobre algo distinto del Señor, de Jesús, Quien nos dijo que Él es la Roca, sobre la que debemos edificar todo.
Desafío contemporáneo
El desafío de la cultura contemporánea contra la fe es enorme. La gente, especialmente los jóvenes, quieren vivir según las normas propuestas por los medios de comunicación. Presentan la realidad de una manera en la que parece posible conseguir la verdadera felicidad en la tierra. En esta visión, Dios no es necesario en la vida común, sino que se convierte en una simple cuestión de elección privada. La fe también se vuelve privada y parece que, en opinión de muchos, casi no tiene lugar en la vida pública, social y política.
Para todos los que aún recuerdan el periodo comunista, es un misterio. ¿Cómo podría el consumismo ser más fuerte que las persecuciones del pasado, cómo el deseo de riqueza y placer podría derrotar la fe en el corazón de la gente, más fácilmente que el sufrimiento y la miseria de la vida anterior?
De alguna manera, la competencia entre las dos visiones de la realidad: una – con Dios en el centro, y otra, sin Dios, – se está volviendo global. En los países más cristianos, los creyentes están bajo la presión de una cultura hostil a la religión.
Señales de esperanza
No obstante, la vida de la Iglesia católica y de todas las demás iglesias y comunidades cristianas demuestra gran vitalidad. Hay muchos grupos de oración y, en muchos casos, las personas que están fuera de la comunidad visible de la Iglesia están volviendo a la vida sacramental. Por ejemplo, en mi país todavía hay muchos sacerdotes activos y no hay gran problema en encontrar un confesor o incluso un director espiritual. En mi experiencia como sacerdote, la comprensión de la importancia de la confesión sigue creciendo. Simplemente puedo sentir la actuación del Espíritu del Señor en el sacramento de la penitencia y la presencia de Jesús en él. Jesús está realmente presente en todos los sacramentos y constantemente da el don del Espíritu Santo a todos los que vienen a Él. Debemos ser conscientes de los tesoros que Jesús había dado a la Iglesia.
En el duro combate de nuestros tiempos, la fe de muchos madura más que nunca. Muchas personas buscan lugares especiales donde pueden experimentar a Dios, muchos viajan o caminan hacia los antiguos santuarios, mayormente marianos, y hacia lugares como Medjugorie, donde, según creen, tuvieron lugar las nuevas apariciones de María y los santos o del propio Jesús. Quieren estar más cerca del Señor, quieren experimentar Su presencia y Su amor.
Un fenómeno relativamente nuevo en Polonia es la popularidad de las llamadas «misas de sanación», durante las cuales los sacerdotes actuales imponen sus manos sobre quienes necesitan sanación interna. En muchos casos he podido ver verdaderos buenos frutos espirituales alcanzados junto con la sanación corporal o psicológica, como resultado de estas oraciones.
«La Verdadera Vida en Dios»
En este panorama, el movimiento, que se llama «Verdadera Vida en Dios», ocupa un lugar especial. Algunos de los mensajes de la Santísima Trinidad, de María y los ángeles hablan de la necesidad de la reconciliación entre la Iglesia Ortodoxa y la Iglesia Católica con una fuerza sin precedentes. Las palabras sobre la situación de la Iglesia y de todo el mundo son, en mi opinión, extremadamente precisas.
Estos mensajes me ayudaron mucho a aceptar mi situación como sacerdote, que podía ver muchas tendencias peligrosas en la Iglesia, en mi Orden Dominicana y en el mundo, y me sentía muy solo con este conocimiento. Recibí la confirmación de mis propias observaciones de que existen peligros reales para la Iglesia y para toda la humanidad en este periodo. En los años noventa, parecía que el mundo entraba en la era de la prosperidad. Hoy en día podemos ver lo diferente que es la realidad. Occidente está sumido en la crisis financiera, y la situación política también se vuelve cada vez más difícil. Ahora sólo podemos rezar para que la próxima posible guerra en Oriente Medio no se convierta en el inicio de un gran conflicto militar. Estos peligros parecen ser reales.
La cuestión de la necesidad de reconciliación entre la Iglesia católica y la ortodoxa se conoce desde hace años. Sin embargo, es realmente interesante saber qué dice Jesús sobre este problema. Por supuesto, no hay nada en los mensajes de la «Verdadera Vida en Dios» que no esté en consonancia con la reflexión teológica y la política de la jerarquía de las respectivas Iglesias. Ambas partes reconocen la necesidad de la reconciliación y no excluyen la unificación en el futuro. Sin embargo, el ritmo de este proceso parece lento. Esto contrasta con la urgencia del llamado de Dios en los mensajes que recibe Vassula Ryden. Aparentemente, Jesús no nos da mucho tiempo.
Para mí, como alguien que viene de Polonia, la reconciliación y la reunificación entre la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa es fundamental. Somos vecinos de muchas naciones ortodoxas, que también son mayoritariamente eslavas como nosotros. La mayor parte de estas naciones es rusa y la Iglesia Ortodoxa Rusa desempeña un papel central entre las otras. Una cosa es evidente: los mil años de relación entre la Iglesia polaca y las Iglesias Ortodoxas de Rusia y otros países eslavos, entre las respectivas naciones y estados, habrían sido muy diferentes si la reconciliación tras el Gran Cisma de 1054 se hubiera hecho rápidamente. Podemos imaginar que las relaciones mutuas podrían haber sido mucho más amistosas y que se habrían causado muchas menos heridas de forma recíproca. ¡Cuánto podríamos ganar, incluso ahora, si esto ocurriera! Si creemos que esta es la voluntad de Dios y el deseo del corazón de Jesús, sin duda deberíamos hacer todo lo posible para lograrlo.
La satisfacción de conseguirlo parece acercarse. Recientemente nos informaron que el patriarca ruso Kirill vendrá a Polonia para una visita de cuatro días. El momento clave de esa visita será la firma de un documento que apela a polacos y rusos a perdonarse mutuamente por agravios e injusticias pasadas. Esperemos que esto conduzca gradualmente a la reconciliación entre nuestras naciones, aunque sepamos que esto es solo el primer paso. Que el Espíritu Santo cure todas estas heridas, y que la Caridad, el don de Dios, reemplace el odio y la desconfianza.
Me gustaría terminar con una oración de la «Verdadera Vida en Dios»: Oh Padre, cumple lo que debe cumplirse. Que tus palabras penetren, bendigan y purifiquen los corazones de tus hijos. Padre, haz lo que tu corazón desee y que se haga tu voluntad. Amén.
Jacek Maria Norkowski OP
