Me gustaría comenzar hablando sobre la divinización tal y como se describe en la tradición Oriental. La divinización se llama ‘theosis’ en griego antiguo.
Se entiende que la ‘theosis’ comprende tres etapas: la primera es el camino purgativo, la purificación o catarsis, que tiene lugar a través de la ‘metanoia’ (arrepentimiento), que purifica la mente, el cuerpo y el alma hasta el nivel de ‘theoria’, que es la purificación interior de nuestras almas mientras buscamos una mayor unión con Dios. De manera purgativa, la gracia de Dios nos guía a través de una vivencia del Misterio Pascual – la propia pasión, muerte y resurrección de Cristo – que purifica, sana y restituye quiénes somos en Jesucristo.
La segunda etapa es la iluminación, el camino iluminativo, la visión de Dios, o ‘theoria’, en latín contemplatio, (contemplación); es «mirar», «contemplar», «ser consciente» de Dios o de lo Divino. ‘Theoria’ es la iluminación de la visión de Dios o la purificación del corazón. Es la oración noética y la visión de la Luz no creada. El recuerdo de Dios en una persona revela comunión con Dios y, por tanto, es como una oración. El esfuerzo de invocar constantemente el santo nombre de Cristo usando la oración ‘Señor Jesucristo, ten piedad de mí, pecador’, renueva continuamente el recuerdo de Dios y la comunión con él. Por eso el apóstol Pablo escribió a los tesalonicenses diciendo: ‘Orad incesantemente’.
Con el recuerdo de Dios y la oración, las personas revelan la verdadera nobleza de su naturaleza, que es la frontera entre el mundo visible y el invisible y la ‘deificación en Cristo’. Superan la necesidad física y extienden su existencia a Dios, sintiéndose libres de todo lo que los mantiene cautivos en la tierra.
La tercera etapa se llama ‘apatheia’, palabra griega compuesta de ‘a’ (sin) y ‘pathos’ (pasión). Se refiere a un estado mental en el que la persona no se siente perturbada por las pasiones. Puede traducirse como ‘impasibilidad’ o ausencia de pasión. En la tradición Oriental, la ‘theosis’ o divinización es en gran medida el propósito de la vida humana. La ‘theosis’ es la vida eterna que consiste en crecer en la semejanza de Dios a través de la comunión íntima con Él, la santidad, el camino unitivo o ‘theosis’. Es la vida santa de Dios, dada en Jesucristo al creyente por medio del Espíritu Santo. Se expresa a través de las tres etapas de la ‘theosis’, que comienzan en las luchas de esta vida, aumentan en la experiencia del conocimiento de Dios y se consuman en la resurrección del creyente, cuando la victoria de Dios sobre el temor, el pecado y la muerte, tal como se logra en la crucifixión y resurrección de Jesucristo, se manifiestan en el creyente para siempre.
El camino hacia la ‘theosis’ – la práctica ascética, incluye muchas formas de práctica. La más obvia es la que se nos dio a través de la vida monástica de los Padres del Desierto. En la vida monástica, el ‘hesychasm'[i] es la forma más importante de establecer una relación directa con Dios, cuando se vive en la comunidad de la iglesia y se participa regularmente de los sacramentos, sobre todo de la Eucaristía, que se da por sentado, como un sacramento obligatorio. También es importante cultivar la ‘oración del corazón’ y la ‘oración constante’, como las describe el apóstol Pablo en 1 Tesalonicenses 5:17. La oración incesante del corazón es un tema dominante en los escritos de los Padres del Desierto, especialmente en la Filocalia. Los Padres del Desierto o Monjes del Desierto fueron ermitaños cristianos primitivos que vivieron principalmente en el desierto de Scetes, en la provincia romana de Egipto, a partir del siglo III d.C. aproximadamente. Consideran que se puede alcanzar la ‘theosis’ viviendo una vida cristiana impecable, coronada por una oración continua y fiel, cálida y, en última instancia, silenciosa. El ‘hesychasm’ proviene del griego hesykia (descanso consciente en Dios) y es la práctica ascética de rezar la oración interior y continua de Jesús, ‘la oración del corazón’, junto con ejercicios particulares de respiración, para superar la naturaleza inferior y egocéntrica, y recuperar la identidad con Dios.
La oración perfecta es noética[i] (ver explicación más adelante) y al mismo tiempo ‘del corazón’. La mente reza envuelta en el corazón, que es el centro de nuestra existencia. Así, la persona en su totalidad, desde lo más profundo de su ser, y de su centro, ora, cumpliendo la orden de Dios: ‘Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente’, y ‘a tu prójimo como a ti mismo.’ La persona entera es ofrecida a Dios. Para esta oración se utiliza la ‘oración de un solo pensamiento’ (‘Señor Jesucristo, ten piedad de mí, que soy pecador’). Esta concisa invocación ayuda a concentrar el intelecto y a sumergir la mente en el corazón. Por su experiencia, los santos Padres Nípticos escribieron sobre el camino y el método de esta oración. Existe una colección de obras de estos santos Padres llamada la Filocalia. Y la palabra philokalia (que significa amor por lo bello).
¿Qué es La Oración Noética del Corazón? «Sobre la oración noética, la oración del corazón y la oración vigilante»
Primero di: «Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador. Esta oración, que se conoce principalmente como oración noética, también se denomina ‘oración del corazón’ y ‘oración vigilante’. Cuando recitas la oración con tu intelecto y la repites místicamente dentro de ti en quietud, usando tu voz interior, se denomina oración noética. Cuando recitas la oración desde lo más profundo de tu corazón con gran tensión y fuerza interior, entonces se la denomina ‘oración del corazón’. Se denomina ‘oración vigilante’ cuando, por tu oración o por la infinita bondad de Dios, la gracia del Espíritu Santo visita tu alma y toca tu corazón, o se te concede una visión divina, sobre la cual tu mente se vuelve vigilante y fija. Cuando practicas la oración noética y la repites como debes, y la gracia del Espíritu Santo visita tu alma, entonces el nombre de Cristo en el que meditas con tu intelecto se vuelve muy consolador y dulce para tu mente y alma, tanto que nunca podrías repetirlo lo suficiente.
Cuando practicas la ‘oración del corazón’ y la gracia de Dios toca tu corazón – es decir, cuando tu corazón lo percibe -, haciendo que conciba escrúpulos, ya que la Theotokos («Portadora de Dios», la Virgen María) concibió la Palabra de Dios por el Espíritu Santo, entonces el divino nombre de Jesús y toda la Sagrada Escritura, se convierten en una dulzura inefable para el corazón; y toda noción espiritual del corazón – si se me permite expresarlo así – se convierte en un dulce río fluido de escrúpulos divinos que endulzan el corazón y lo hacen ferviente en el eros, el amor por su Creador y Dios. A veces, al practicar la ‘oración del corazón’ con el dolor de un corazón debilitado y con la tristeza de un alma humillada, el alma siente claramente el consuelo y la visita del Señor. Esto es lo que dice el profeta: ‘El Señor está cerca de los que tienen el corazón roto.’ El Señor se acerca invisiblemente cuando uno aplasta el corazón con la oración, como dijimos, para manifestar alguna revelación mística. El Señor muestra al orante una visión para hacerlo más apasionado con la obra espiritual de su corazón.
Y así, cuando, por la gracia de Cristo, el alma de uno contempla alguna visión y se llena de remordimientos en su oración, entonces uno entiende que la ‘oración vigilante’ no es otra cosa que gracia divina; lo que contempla la mente es la visión noética y divina; en la que está firmemente fijado el intelecto, y en que el alma está contemplando. Y así, mientras la gracia divina del Espíritu Santo visita tu alma, toca suavemente tu corazón y endulza inefablemente tu mente, sólo tú puedes entenderla y abarcarla dentro de ti, porque el remordimiento proviene incesantemente de tu corazón como un manantial que fluye sin cesar, mientras tu mente experimenta una dulzura indescriptible y tu alma recibe consuelo. En ese momento, tu alma posee cierta audacia espiritual y suplica místicamente a Dios, su Dueño y Creador, diciéndole «Recuérdame, ¡oh, Señor!, en tu Reino», o algún otro versículo de las Sagradas Escrituras.
Esta súplica santa y pura que tiene lugar en el alma tiene tal poder que penetra en los cielos y llega al trono de la Santísima Trinidad, ante la que se alza como un incienso dulce y fragante. El profeta dijo sobre esta oración: «Que mi oración llegue ante ti como incienso.» El Dios Trino recibe esta santa súplica de manera inexpresable y maravillosa, y la súplica a su vez recibe el fruto del Espíritu Santo. Este fruto, recibido con reverencia y modestia, se ofrece y se envía al alma como un regalo inapreciable y celestial del Dios de todos, como promesa para el futuro reino de Dios y su adopción. El alma que recibe el fruto celestial y divino del Espíritu Santo, debido a su súplica, es decir, a la oración pura, adquiere amor divino, alegría espiritual, paz de corazón y gran paciencia durante las penurias y tentaciones de esta época; además de excelencia y bondad en todo, fe inquebrantable, la mansedumbre de Cristo y el autocontrol que destruye la pasión. Todas estas virtudes se llaman «frutos del Espíritu Santo». A nuestro Dios sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén
Quien te transforma para ser divinizado es el Espíritu Santo, con quien el ser humano une su voluntad para recibir esta gracia transformadora mediante la práctica y la oración.
Ahora pasemos a lo que Dios nos dice en los mensajes de la VVD sobre la divinización. En los mensajes, Dios habla sobre cómo podemos ser divinizados y convertirnos en dioses por participación y en Sus hijos adoptivos. Nuestro Señor nos dice que este logro es accesible para cada uno de nosotros. El primer nivel es el desapego. Es el propio Jesús quien nos desapega de las cosas. Cuando Jesús visita nuestra alma, sentimos Su Amor y vemos nuestros pecados. Llamando en verdad a Dios y arrepintiéndonos de todo corazón, Dios nos purifica, nos transforma y nos guía hacia niveles superiores de santidad.
Esto ocurrió desde el principio en los mensajes VVD. En algunos mensajes más recientes de VVD, Jesús dice:
“si queréis alcanzar la divinización, Yo, Dios, que soy indivisible en Mi Divinidad, os pido que Me ofrezcáis vuestra voluntad y muráis a vosotros mismos de modo que no quede nada de vosotros, ¡nada! entonces, con majestad y poder os elevaré para que seáis parte de Mí; os englobaré y os envolveré enteramente para que todos seáis parte de Mí; os haré perfectos a fin de que todo lo que estaba manchado por el pecado, se vuelva hermoso y radiante bajo Mi Luz, y en vuestra transfiguración, divina y totalmente gloriosa; así es cómo entraréis en el Cielo; Yo soy la Puerta del Cielo;” (Mensajes VVD, 30 de septiembre de 2019)
«Yo, el Esposo del universo, vendré con toda Mi Majestad a aquel que se haya abajado totalmente, y Mi Espíritu de Amor lo envolverá para atraerlo al Seno de la Santísima Trinidad. Entonces, esa alma, habiendo recibido tal intensidad de luz, obtendrá todos los misterios ocultos y las Riquezas de los Cielos, y comenzará, estando aún en la tierra, a vivir como viviría en el cielo, pues habrá entrado en la Visión Beatífica. En otras palabras, esa alma habrá probado un anticipo de lo que es la Visión Beatífica, y completará esa Visión en su totalidad en el momento que entre en el cielo…” (Mensajes VVD, 5 de agosto de 2000)
Jesús continúa:
«Está escrito: «dichoso el hombre que Tú eliges, a quien invitas a vivir en Tus Atrios; es cierto, porque el que está invitado ya no está solo; los que estaban solos están ahora en Mí y son bienaventurados; han renunciado al mundo, a sus amigos y a sus parientes, desligándose por Mi Gloria; (Me da más gloria y recibo más honor cuando el desprendimiento viene de personas que viven en el mundo, rodeadas de tantas tentaciones, pero por su propia y libre voluntad dan la espalda a todos esos males y, de buen grado, Me ofrecen su voluntad); Yo protejo con Mi Luz Divina a todos los que están en mí;”
– Aseguro en Mi Luz Divina
a todos los que están en Mí; –’ (Mensajes de la VVeD, 3 de febrero de 2003)
Aquí hay una palabra del Padre del Desierto Abba Zósimos, sobre el desapego:
«Con el tiempo, por el abandono, perdemos incluso el poco fervor que suponemos tener en nuestra renuncia ascética. Nos apegamos a asuntos inútiles, insignificantes y completamente inútiles, sustituyéndolos por el amor a Dios y al prójimo, apropiándonos de cosas materiales como si fueran nuestras o como si no las hubiéramos recibido de Dios. ‘¿Qué tienes que no recibiste? Y si lo recibiste, ¿por qué presumes como si no fuera un regalo?'» (1 Cor. 4:7). También dijo: «Porque como siempre me gusta decir: ‘No es poseer algo dañino, sino estar apegado a ello.'»
Me gustaría citar a San Juan Clímaco, que nació en 579 y murió en 649 d.C.; vivió en el Monte Sinaí. Era un monje bizantino, autor de ‘La escalera del ascenso divino’ (por lo que también se le llama ‘Juan de la Escalera’). Esto es lo que escribió sobre el desapasionamiento:
«La persona que ha alcanzado el desapasionamiento es reconocida, como aquella que se ha purificado, con ayuno y oración, llegando al nivel de estar espiritualmente despierto y preservándose, en un estado humilde, de todo mal temporal, como si fuera un ángel y apartara su mente de todas las cosas terrenales, acercándola a los cielos; y sometiendo a su poder, por medio de obras poderosas, a los ‘siervos de la esclavitud’: todos los deseos carnales y movimientos de su alma y cuerpo, haciendo que su alma aparezca firme ante la presencia de Dios, extendiéndose, con el paso del tiempo, hacia el amor de Dios, tanto como fuera posible.»
Concluyamos escuchando cómo el propio Jesús describe las virtudes angelicales como serán cuando pasemos por las tres ascensiones, desde el desapego hasta la impasibilidad. Sólo Dios en Su Gloria puede describir cómo se diviniza un alma, lo cual Él describe perfectamente aquí en este pasaje. Nadie puede añadir ni restar nada aquí, porque esto es Dios mismo describiendo nuestra transformación, que tendrá lugar a través de Él y en Él.
«¿habéis oído hablar alguna vez de Amor ilimitado? ¿un Amor que irradia y reina desde el centro del Universo, expandiéndose desde allí al resto de todo el Universo? Mi Amor trasciende toda esencia; Yo estoy por encima de toda esencia, soy una Revelación Luminosa en todo el Cosmos y en todo corazón, una Revelación que os permite alcanzar las alturas mismas de la contemplación; Mi Amor engloba vuestra alma, vuestra mente, vuestro intelecto, y penetra en vuestro corazón como el rocío de la mañana, vertiéndose gota a gota desde el cielo; cada gota de brillante rocío se convierte en un remedio sanador para cada una de vuestras deficiencias de cuerpo y alma; inmersos en Mi Luz, vuestro cuerpo y vuestra alma adquirirán entonces la impasibilidad y la divinidad; finalmente, Yo, que soy el Esposo de Mi creación, como os lo he explicado detenidamente en el pasado5 , entraré en vuestro corazón una vez que me lo permitáis, y vosotros, sin la más ligera vacilación, estaréis enteramente dispuestos a entrelazaros en Mi ardiente abrazo, sabiendo que al caer en el ardiente abrazo de Mí, vuestro Dios, os inflamaréis; os envolverá el Fuego, un Fuego que os traerá a la Vida, que soy Yo; y mientras entráis en la Vida, todo vuestro ser se volverá de un blanco deslumbrante, brillante, iluminado por resplandecientes velos de Luz y Zafiros, y todos vuestros miembros desaparecerán dentro de Mí, volviéndose incluso más bellos, mientras que Yo, en ese momento de transfiguración, os ungiré derramando mirra de Mis Dedos sobre vuestra cabeza hasta vuestros pies;
y te encontrarás fuera de tu entorno y más allá de las masas, más allá del ruido, más allá de todo lo que el hombre ha construido, más allá de todo lo humano y corporal y finalmente Me verás… en ese inefable instante, embriagado aún de verme, mientras tu ser entero tiembla, te atreverás a levantar tus ojos para contemplar Mis Ojos, esos Ojos que te formaron, esos Ojos que lloraron por ti cuando te apartaste de Mí, esos Ojos que se apiadaron de ti en tu sufrimiento, esos Ojos que nunca te dejaron fuera del alcance de su Vista y que te siguieron para traerte de vuelta al Amado, a Aquel al que siempre has pertenecido; ¡percibirás el Infinito Amor que siento por ti, miserable pequeña criatura! esos Ojos que son Océanos de Amor…temblando de emoción, tomando conciencia de la profundidad de Mi Amor, tu corazón se verá herido de una herida que jamás se curará, al descubrir la Belleza de tu Dios, al descubrir Su Esplendor, Su Formidable Atractivo; estarás contemplando al Único Dios, resplandeciente en Su Luz Gloriosa, estrás descubriendo al Dador de Vida, al Señor de los señores que derramó Su Propia Sangre por ti, para redimirte y salvarte a fin de que compartieras Su Gloria… tu Esposo, tu Bienamado seguirá atrayéndote más a Él con cuerdas doradas, para que nunca vuelvas a estar separado de Él; nos haremos Uno; tu alma estará unida a Mí y Yo, Dios, estaré unido a ti.» (Mensajes VVD, 30 de septiembre de 2019)
