24 de mayo de 1987

Yo estoy contigo.

¿Quieres que yo Te sirva?1

Lo quiero, y lo quiero ardientemente, Vassula. Ven, te enseñaré dónde y cómo puedes servirme. Recuerda todo lo que te he enseñado.

(Se trata de las lecciones místicas que despertaron mis facultades para que, siendo consciente, Le pudiese oír y sentir mejor.)

Recibe Mi Paz. Escucha Mi Voz.

Me gustaría poderte oír claramente.

Vassula, Me oirás lo suficiente para escribir todo lo que Mi Corazón contiene, todo lo que Mi Corazón desea. Bienamada, libérate para que puedas servirme y atenderme. ¿Tú sabes lo que significa “libre”, Vassula? Te lo diré. Ten confianza.

(Pensaba que lo que Él me enseñaba no iba a dar resultado, y que yo podría fallarle.)

Ser libre significa desprender tu alma de los afanes del mundo. Libera tu alma y ámame, a Mí y a Mis Obras. Sírveme así: despréndete.

Tendré dificultades, Señor.

“Lo”2.

Sí, Señor mío: preveo dificultades.

“Lo, lo”. Manténte cerca de Mí.

Tengo miedo de desilusionarte y de hacer fracasar Tus deseos.

Hermana Mía, no temas. Bienamada, ámame.

(Le sentí y Le amé.)

Amor por amor; ámame como ahora. Trabaja y sírveme como ahora. Manténte como eres. Necesito servidores que sean capaces de servirme donde más se necesite amor. Pero trabaja duro, porque donde tú estás, estás en medio del mal, de los incrédulos, estás en las abyectas profundidades del pecado. Vas a servir a tu Dios donde prevalece la oscuridad. No tendrás descanso. Me servirás donde todo bien se deforma en mal.

Sí, sírveme en medio de la miseria, en medio de la maldad y las iniquidades del mundo. Sírveme entre la gente sin Dios, entre los que se burlan de Mí, entre los que traspasan Mi Corazón. Sírveme entre los que Me flagelan, entre los que Me condenan. Sírveme entre los que Me vuelven a crucificar y Me escupen. Oh, Vassula, ¡cuánto sufro! Ven a consolarme.

¡Dios mío, ven! Ven junto a los que Te aman. Ve junto a ellos, al menos por un rato: allí serás amado. Descansa en su corazón, olvida. ¿No puedes olvidar siquiera un momento?

(¡Jesús parecía TAN afligido!)

Vassula, ¿olvidar? ¿Cómo podría olvidar? ¿Cómo, cuando me están volviendo a crucificar repetidamente?3 Cinco de Mis Llagas han permanecido abiertas para todos los que quieran penetrar en ellas.

(Jesús se apoyó en mí. Me sentí desolada. Parecía desamparado, extenuado.)

Vassula, ven, eres Mi pequeña flor. Quiero de ti pétalos tersos y suaves para sustituir Mis espinas.

Jesús, deja a los que Te aman aliviar Tu peso, deja a los que Te aman darte descanso y sustituirte en Tu nueva crucifixión.

(No sabía cómo consolar tal agonía.)

Bienamada, los que Me aman luchan y sufren conmigo. Comparten Mi Cruz, Me descansan. Pero son pocos. Necesito más almas que se unan a Mí y compartan Mis sufrimientos. Flor, ámame. No Me rechaces nunca.

¿Jesús?

Yo soy.

¿Me ayudarás a amarte más?

Lo haré, bienamada.

(Estoy sin palabras. ¿Qué puedo decir? ¡Si alguien supiera lo doloroso que era verle tan herido! Era como si se estuviera muriendo otra vez. ¿Cómo se puede consolar a alguien que se está muriendo a causa de sus heridas? ¿Y qué decirle? ¿Que todo irá bien, cuando una sabe que está herido de muerte?)


1 Pregunté esto, porque era lo que Dios me había pedido y, por debilidad y temor, yo le había impedido escribirlo.

2 ‘No’, en hebreo.

3 Me dictaba estas palabras tan deprisa que apenas podía seguirle.