Queridos peregrinos,
La infinita bendición del Señor nos permite reunirnos durante esta peregrinación.
El ser humano está creado a imagen de Su Creador.
El Creador, en su imagen última, posee la unicidad y el amor; Dios es único, Dios es amor.
Podemos fácilmente probar que estamos hechos a imagen del Creador en Su unicidad, por nuestra singularidad: cada uno de nosotros es único.
De la misma manera es fácil demostrar que el hombre es amor:
La palabra «amor» está por todas partes. En la televisión, en el cine, en las canciones, en las novelas…
Pero esa palabra se ha convertido, desafortunadamente, en la modernidad que expulsa a Dios del corazón de los hombres, una palabra con fines comerciales.
Cada uno de los que intervienen ha debido interrogarse: ¿cómo yo, sobre cómo se puede exponer en 10 minutos un tema tan central en la esencia divina y en la esencia humana?
En el momento en que escribo estas líneas, a mediados de agosto, no me cuesta imaginar que los que intervengan antes que yo se habrán preocupado ya de definir con mayor o menor precisión qué es el amor.
Como decía antes, la palabra «amor» se ha convertido en un argumento comercial. Para vender, hay que trasmitir la ilusión del amor. De este modo, el campo publicitario está atascado por la escenificación de ese vínculo divino entre los seres humanos, mientras que el ser humano jamás se ha sentido tan solo.
El origen de la palabra «religión » viene del latín «religare» que significa vincular, enlazar, conectar. Es un vínculo entre el Hombre y Dios, entre la tierra y el Cielo, un vínculo, una cuerda de amor en sentido vertical.
¿Y si ese vínculo, esa cuerda pudiera desdoblarse y desenrollarse en sentido horizontal? Si ese vínculo divino de amor pudiera circular entre los hombres, ¿no seríamos más ricos en amor a Dios?
Ese vínculo requiere un esfuerzo, primero un esfuerzo para construirlo y luego un esfuerzo para conservarlo, para preservarlo. Conservar los logros de ese amor y vivificarlo. De manera similar con Dios que nos invita a confiarnos a Él de corazón a corazón, con toda sinceridad, con toda honestidad, Él nos invita también a actuar del mismo modo con nuestros semejantes. La sinceridad en los vínculos da origen a ese amor y lo hace crecer. El amor divino está disponible en todo lugar y en todo tiempo. Estar a la escucha de Su Amor haciendo eco en el ser humano es lo más difícil, porque eso exige una conexión con la parte divina del otro.
Desgraciadamente a menudo las religiones son lo contrario. Un discurso de amor hacia Dios y de odio a todos aquellos que son diferentes de uno mismo. Los ejemplos son innumerables y quizás hayamos tenido nosotros, algún día, ese sentimiento de odio.
No esperemos a las religiones, a los religiosos… Empecemos individualmente a creer en el amor del Creador a través del amor que somos capaces de dar a Su creación.
Seamos lúcidos acerca del inmenso trabajo del demonio para hacer de ese sentimiento, el más noble, un pivote central de la mentira a través de la publicidad, el marketing, el beneficio…
Seamos lúcidos acerca del hecho de que el Soplo del amor divino está en nosotros y en cada uno de los seres humanos con los que vivimos o que sencillamente nos cruzamos.
El trabajo gigantesco emprendido por Vassula y La Verdadera Vida en Dios es innegablemente un impulso de amor en el alma de cada uno de, nosotros, como una protección suplementaria contra el mundo del beneficio, del dinero y de la materia.
Gracias a todos los anónimos que nos han reunido, gracias a Vassula, que Dios la guarde, la proteja y le de fuerza para continuar esta obra de amor QUE ÉL LE HA CONFIADO PARA TRANSMITIRLA A LA HUMANIDAD.
Camel Bechikh
